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Carta a mí y todo aquel que me crea

Estas son las historias de cuatro víctimas de violencia sexual que decidieron contar cómo están sanando sus heridas. Comparten el mismo gentilicio, pero viven en distintos territorios: Venezuela, Colombia y Estados Unidos. Callaron por mucho tiempo hasta que, a partir de abril de 2021, optaron por liberarse de ese peso cuando vieron y leyeron otros testimonios que se fueron sumando al movimiento #YoTeCreo Venezuela

Un día de abril de 2021 entré a Twitter y se me hizo difícil permanecer allí. El espacio estaba repleto de historias sobre abuso, acoso sexual y violaciones. Una chica acusó a un cantante de haber abusado de ella cuando todavía era menor de edad, y poco a poco se sumaron las voces que en algún momento fueron víctimas de la misma persona.

La frase “yo también pasé por eso” se incluyó en muchos tuits, una prueba de que había más victimarios. Las redes sociales se llenaron de dolor. En una semana el movimiento Yo te creo Venezuela recogió más de 600 historias de abuso y violaciones, y a muchas se les hizo acompañamiento para denunciar ante el Ministerio Público.

Alzaron la voz y les creímos.

He vivido momentos desagradables, me he asustado en muchas oportunidades, he pasado por experiencias que me han hecho llorar de nervios e indignación y he terminado cuentos con un “por lo menos no pasó nada más”.

A mí no pero a muchas personas sí.

A muchas: 4 de cada 5 violaciones son cometidas por algún conocido de la víctima. Según estadísticas de Equalia, una organización no gubernamental venezolana, 82% de los abusos sexuales son perpetrados por conocidos, y 47% de los violadores son amigos de la víctima.

El abuso sexual es toda intervención o amenaza de intervención física de carácter sexual en otra persona, forzando o coaccionando al otro, según el Glosario Acnur. Es obligar a realizar algún tipo de actividad sexual. La violación es la penetración no consensuada de la vagina, el ano o la boca, ya sea con el pene o cualquier otra parte del cuerpo u objeto.

Parece que muchos no entienden el concepto de consentimiento –acuerdo mutuo– o de una palabra tan clara como el “no”, aun cuando sea repetida una gran cantidad de veces.

No es no.

Pero otra persona insiste en que es sí y obliga a la víctima a cargar con una culpa que no es de ella, que le impide hablar. Esconde ese sentimiento para intentar ser feliz a pesar de la herida que le han creado.

Entonces me pregunto, ¿cómo sana esa herida?

Comencé a buscar esas respuestas, conversé con varias personas que fueron abusadas y escuché. Sobre todo escuché. Estas son las historias que guardaron por mucho tiempo, y esos secretos los estaban lastimando. Entonces sintieron la necesidad de quitarse ese peso de encima para seguir. Hablaron para contar sus intentos para curar el dolor, la indignación, como si escribieran una carta a quien pueda interesar.

Soy Arantxa López y estas fueron las cartas que compartieron. Para ellos mismos y para todo aquel que les crea.

«Y que jamás te hagan creer lo contrario. Que jamás te hagan creer que eres menos. Somos importantes».

Carta a mí y todo aquel que me crea

Estas son las historias de cuatro víctimas de violencia sexual que decidieron contar cómo están sanando sus heridas. Comparten el mismo gentilicio, pero viven en distintos territorios: Venezuela, Colombia y Estados Unidos. Callaron por mucho tiempo hasta que, a partir de abril de 2021, optaron por liberarse de ese peso cuando vieron y leyeron otros testimonios que se fueron sumando al movimiento #YoTeCreo Venezuela

Un día de abril de 2021 entré a Twitter y se me hizo difícil permanecer allí. El espacio estaba repleto de historias sobre abuso, acoso sexual y violaciones. Una chica acusó a un cantante de haber abusado de ella cuando todavía era menor de edad, y poco a poco se sumaron las voces que en algún momento fueron víctimas de la misma persona.

La frase “yo también pasé por eso” se incluyó en muchos tuits, una prueba de que había más victimarios. Las redes sociales se llenaron de dolor. En una semana el movimiento Yo te creo Venezuela recogió más de 600 historias de abuso y violaciones, y a muchas se les hizo acompañamiento para denunciar ante el Ministerio Público.

Alzaron la voz y les creímos.

He vivido momentos desagradables, me he asustado en muchas oportunidades, he pasado por experiencias que me han hecho llorar de nervios e indignación y he terminado cuentos con un “por lo menos no pasó nada más”.

A mí no pero a muchas personas sí.

A muchas: 4 de cada 5 violaciones son cometidas por algún conocido de la víctima. Según estadísticas de Equalia, una organización no gubernamental venezolana, 82% de los abusos sexuales son perpetrados por conocidos, y 47% de los violadores son amigos de la víctima.

El abuso sexual es toda intervención o amenaza de intervención física de carácter sexual en otra persona, forzando o coaccionando al otro, según el Glosario Acnur. Es obligar a realizar algún tipo de actividad sexual. La violación es la penetración no consensuada de la vagina, el ano o la boca, ya sea con el pene o cualquier otra parte del cuerpo u objeto.

Parece que muchos no entienden el concepto de consentimiento –acuerdo mutuo– o de una palabra tan clara como el “no”, aun cuando sea repetida una gran cantidad de veces.

No es no.

Pero otra persona insiste en que es sí y obliga a la víctima a cargar con una culpa que no es de ella, que le impide hablar. Esconde ese sentimiento para intentar ser feliz a pesar de la herida que le han creado.

Entonces me pregunto, ¿cómo sana esa herida?

Comencé a buscar esas respuestas, conversé con varias personas que fueron abusadas y escuché. Sobre todo escuché. Estas son las historias que guardaron por mucho tiempo, y esos secretos los estaban lastimando. Entonces sintieron la necesidad de quitarse ese peso de encima para seguir. Hablaron para contar sus intentos para curar el dolor, la indignación, como si escribieran una carta a quien pueda interesar.

Soy Arantxa López y estas fueron las cartas que compartieron. Para ellos mismos y para todo aquel que les crea.

«Y que jamás te hagan creer lo contrario. Que jamás te hagan creer que eres menos. Somos importantes».

Cartas para sanar

La luz de un cuarto oscuro

Esta es la carta de Andrea*, donde cuenta lo liberador que ha sido para ella hablar de esas heridas que la marcaron tanto y sobre las que nunca conversó. Ahora se repite a sí misma y a otros: «nada de lo que nos pasó fue nuestra culpa»

No importa el género

En su carta Luis* confiesa que el hecho de ser hombre lo frenaba para hablar de lo que le pasó. Tenía miedo de sentirse vulnerable, que la gente lo juzgara. Pero las víctimas de abuso sexual no piden pasar por eso. No importa el género.

A muchas nos ha pasado

Natasha también decidió compartir su historia. En esta carta se dice a sí misma que debe pedir ayuda y tejer redes con otras víctimas. «Porque a muchas nos ha pasado lo mismo y hay que crear comunidad entre nosotras».

A mí me creyeron

En esta carta Luisana asegura que luego de contar esos episodios en los que fue víctima de violencia sexual, sintió que soltó un peso que la carcomía. Ahora tiene más seguridad en sí misma y dice que su cuerpo le pertenece de nuevo. Y después de hablarlo, llegó a esta conclusión: «somos mejores que los nos pasó, nos marcó, nos rompió, nos lastimó».

Una fábula para decir que no

En las entrañas de Apure, muy cerca de la frontera fluvial entre Venezuela y Colombia, dos mujeres decidieron tomar un megáfono para enseñar a los niños, con sus voces dulces y aguerridas, cómo prevenir el acoso y abuso sexual. Comenzaron en plena pandemia a dictar talleres en los que ilustran, con actividades lúdicas y fábulas, las herramientas para defenderse ante los riesgos a los que se exponen en las zonas rurales fronterizas

«Debemos preguntarles qué sienten, qué les duele, y confiar en sus respuestas».

Créditos

Producción editorial

Coordinación y edición

Liza López

Corrección de estilo

Ysabel Viloria

Investigación y textos

Carta a mí y todo aquel que me crea

Arantxa López

Una fábula para decir que no

Yohennys Briceño

Producción gráfica

y multimedia

Ilustraciones

Betania Díaz

Edición audiovisual

Carlos Bello

Diseño y diagramación web

Anaís Marichal

Infografía

Franklin Durán

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