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Esta es la carta de Andrea*, donde cuenta lo liberador que ha sido para ella hablar de esas heridas que la marcaron tanto y sobre las que nunca conversó. Ahora se repite a sí misma y a otros: “nada de lo que nos pasó fue nuestra culpa”

Texto Arantxa López Ilustración Betania Díaz

A todo el que me crea

De Andrea*

yo

Abusaron de mí entre los seis y siete años. Fue progresivo.

Lo primero que hizo mi padrastro fue invitarme a dormir con él mientras mi mamá estaba en la clínica después de dar a luz a mi hermana. Recuerdo que esa noche me hice pipí en la cama.

Todas las experiencias de aquella época las recuerdo desde afuera, como si hubiera salido de mi cuerpo y viera todo desde una esquina. Mi psicóloga me dijo que esto es un mecanismo de defensa: la despersonalización.

La segunda vez que abusaron de mí tenía 21 años, estaba en una reunión familiar. Un sobrino de mi padrastro, diría que mi primo, se aprovechó de lo borracha que estaba y me violó.

Siempre supe que algo malo me había pasado, que era diferente mientras crecía pero nunca entendí por qué hasta que estuve en terapia. Lo mismo pasó durante el segundo abuso, asumí toda la responsabilidad porque estaba borracha, porque yo me lo busqué. Eso creía. Ya más grande, gracias al movimiento feminista y a la terapia, pude ponerle nombre a todo.

La primera vez que el feminismo significó algo para mí fue cuando el grupo Las Tesis hizo ese performance de protesta “Un violador en tu camino”. Leer tantos testimonios en Twitter describiendo lo que llevaban puesto cuando abusaron de ellas haciendo alusión a la parte de “y la culpa no era mía ni dónde estaba ni cómo vestía” me permitió ver la cantidad de mujeres que fueron abusadas cuando eran niñas, mientras usaban pijamas o uniforme escolar. Eso me rompió.

La pasé muy mal durante ese momento, no lograba contarle a mi psicóloga los detalles de lo que me había pasado.

Me cuestioné mucho si compartir mi experiencia, sobre todo en redes sociales. Unas amigas me contaron sus historias y eso me ayudó a contar la mía, a revivir esto, a pasar por el recuerdo una vez más y al fin soltarlo.

Entendí la importancia de hablar, de conectar y de escuchar.

Entendí que esto es algo que debemos sanar colectivamente y me sentí aliviada. Qué ejercicio tan profundo escribir sobre esto, no lo había hecho antes…

*Usamos otro nombre para la protagonista para reservar su identidad.

Mi proceso de sanación ha sido lento porque me tomó muchos años reconocer estos abusos. Comencé a ir a terapia hace dos años porque estaba deprimida, sentí que la migración me estaba costando mucho. Llevo mucho tiempo fuera de Venezuela y me había enfocado en otras cosas, hasta que llegó el momento de cuidar mi salud mental, era necesario.

Durante la terapia salió el tema de los abusos y aunque me costó hablar al principio porque quería seguir ignorándolo, finalmente pude decirlo en voz alta. Dejé de tenerlo solo en mi mente. La terapia es una herramienta poderosa. Junto a mi psicóloga tomé la decisión de abrir esa puerta, encender la luz y ver qué había en el cuarto más oscuro.

Me ha ayudado el escuchar otras historias. Reconocerme en otras mujeres me ha hecho sentir más acompañada en todo esto.

Viví mi niñez, adolescencia y parte de la adultez en silencio. Ahora veo que la palabra es liberadora.

Ahora vivo la vida desde mi verdad, mis miedos y dolores porque también soy eso. Aunque sea una verdad a medias porque mi familia no sabe nada de esto. Es muy agridulce por una parte darle forma con las palabras a lo que vivió tanto tiempo en mi mente y verlo de frente cambió algo dentro de mí, el peso definitivamente se hizo ligero.

Por otro lado me duele que esto sea algo tan común. Me duele que a pesar de las denuncias públicas o privadas esto siga pasando porque no hemos podido vencer a ese monstruo sistemático. Es un gran paso, sí, pero falta mucho.

Siento que las heridas nunca van a sanar. Es importante entender esto porque no hay una cura mágica ni hay camino fácil para olvidar.

Me digo a mí misma y les digo a ustedes, abracen a esa niña o niño, a ese hombre o mujer vulnerables e indefensos que en algún momento fueron.

Nada de lo que nos pasó fue nuestra culpa.

Es importante escucharnos y escuchar a otros, ser más compasivos. Hay que seguir buscándonos a través del perdón, es allí donde estamos. Por eso estoy hablando: para reconstruirme.

 

*Usamos otro nombre para la protagonista para reservar su identidad.

Esta crónica es parte del especial Cartas para sanar el abuso, producido por Historias que laten, con relatos de cuatro víctimas de violencia sexual  que decidieron liberarse de ese peso a partir de abril de 2021 cuando se fueron sumando al movimiento #YoTeCreo Venezuela. También contamos la iniciativa de dos mujeres que decidieron enseñar cómo prevenir el acoso y abuso sexual en un pueblo fronterizo del país .

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