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En las entrañas de Apure, muy cerca de la frontera fluvial entre Venezuela y Colombia, dos mujeres decidieron tomar un megáfono para enseñar a los niños, con sus voces dulces y aguerridas, cómo prevenir el acoso y abuso sexual. Comenzaron en plena pandemia a dictar talleres en los que ilustran, con actividades lúdicas y fábulas, las herramientas para defenderse ante los riesgos a los que se exponen en las zonas rurales fronterizas

Texto Yohennys Briceño Ilustración Betania Díaz

En el patio trasero de una casa en Guasdualito que alguna vecina les prestó, los pequeños están sentados en círculos sobre sillas de mimbre plástico y de madera. Son 17 niños, niñas y adolescentes, y escuchan con atención la explicación que reciben en el Taller de Prevención de Abuso Sexual Infantil: “ninguna persona les puede tocar sus partes íntimas”, resuena en una de las calles de esta comunidad rural ubicada en el fronterizo estado Apure.

Usando un micrófono, las coordinadoras del taller empiezan a explicarles que las partes del cuerpo deben ser llamadas por su nombre, que es importante contarle a sus padres todo lo que les pasa, que hay caricias que son buenas y otras que no.

Una cartelera pegada a la pared les sirve de material de apoyo. Canciones infantiles conocidas en la zona ayudan a enviar el mensaje. Pinturas faciales forman dibujos en las mejillas de los niños. Una fábula sonora que cuenta la historia de un pavo real que fue víctima de abuso por parte de su tío y tuvo el valor de contar lo que sucedió cierra la jornada de cada viernes por la tarde.

Isaura Ramos y su hija utilizan radioclips para explicarles a los niños que no son culpables y que no están solos. Realiza juegos tradicionales de la zona para que ellos sepan a cuáles instituciones acudir en caso de que sufran de acoso o abuso sexual. Cada cierto tiempo la misma pregunta sale al aire: “¿Si alguien nos quiere tocar las partes íntimas qué debemos hacer?”. Y la respuesta a varias voces llena el lugar: “decir ‘no’, salir corriendo y contarle a un adulto de confianza”.

Al final los niños hablan o dibujan sobre lo aprendido. Eso sirve como dato cualitativo para conocer el impacto de cada uno de estos encuentros.

El taller aún no tiene nombre formal. Nació a finales de 2020 y de a poco comenzó a tomar las casas del casco central de Guasdualito. El objetivo es que los niños puedan tener herramientas para defenderse del abuso sexual, que cada vez toma más fuerza en el país, sobre todo en las comunidades rurales. O eso es lo que se percibe, pues las estadísticas son escasas o no existen.

La Fundación Habla en su informe Cifras de Abuso Sexual Infantil y Adolescente en Venezuela, refleja que entre el año 2018 y 2019 el 50% de los delitos cometidos a niños y adolescentes eran el abuso sexual, y el 2% de estos casos ocurrieron en el estado Apure. Mientras que la organización Cecodap, en su Informe Somos Noticia: Capítulo Salud Mental 2020-2021, señala que el 12% del total de los niños atendidos en el Servicio de Atención Psicológica que ofrecen aseguró haber sufrido alguna forma de violencia en casa. De estos, el 34% dijo haber sido víctima de violencia sexual.

Cuando Isaura Ramos termina de dictar su taller de prevención de abuso sexual infantil, los niños salen con la idea clara de que nadie puede tocar sus partes íntimas ni pedirles que se las toquen. Así es como ésta periodista de 39 años mide el éxito de su trabajo, con el que busca minimizar la violencia sexual infantil en esa zona del suroeste venezolano.

El inicio del taller fue una consecuencia del confinamiento por la pandemia, que pone en mayor riesgo de abuso sexual a los niños de América Latina, según el Fondo de Naciones Unidad para la Infancia (Unicef).

—Una tarde reunida con mi hermana, que trabaja en uno de los comedores que atienden a niños con desnutrición en esta zona, le dije que debíamos darles herramientas a esos muchachos para que se defendieran, porque estaban solos en la casa con esas personas que son las que ejercen la violencia —cuenta la coordinadora de esta iniciativa y también periodista.

Con los conocimientos adquiridos durante el proyecto Feminizando la defensa de los Derechos Humanos y su experiencia de 15 años como periodista, se propuso iniciar esta acción social.

Para las clases, primero escogen una casa que tenga porche o patio amplio para que los niños puedan estar cómodos. Después buscan a alguien que les preste una bocina y un micrófono. También consiguen papel, lápices y pinturas faciales para hacer las clases dinámicas. Los líderes comunitarios convocan a los niños; unos 10 o 12 para respetar las medidas de bioseguridad impuestas por la pandemia de la covid-19.

Así se logró el primer taller y se han realizado todos los demás. Hasta ahora más de 80 niños entre los cinco y 11 años se han beneficiado.

Para visitar cada calle o barrio, Isaura y su hija se ponen a disposición de los vecinos y ellos las contactan y las ayudan a organizar todo. Usan la bocina para que los niños puedan escuchar sin dificultad los cuentos y las canciones que preparan para ellos.

Una vez que están sentados en círculos alrededor de ellas, comienzan con la breve charla que da inicio al taller antes de dar paso a los juegos. Durante ese proceso Isaura les explica, con tono dulce y suave, que existen secretos buenos y otros que los hacen sentir mal y que los abusadores pueden ser miembros de su familia. Algunas madres se quedan a escuchar.

La psicóloga clínica y profesora universitaria, Olga Turmero, agradece la existencia de ésta iniciativa y hace énfasis en que son acciones claves para tratar de frenar la ola de abuso sexual infantil que considera un problema social y no individual. “Se debe hacer, ir, llevar la información. Trabajar en la comunidad y tratar realmente de disminuir o de evitar que suceda”.

En Apure, entre los vecinos no se habla mucho del tema pero es una preocupación que a todos quita el sueño. Al ser un estado fronterizo donde muchas familias se dedican a la migración pendular se puede presumir que el registro de casos de violencia sexual es amplio. Sobre eso, la periodista dice:

—Las comunidades más vulnerables y con mayor índice de violencia sexual a niños y niñas son las parroquias Urdaneta y El Amparo. No tenemos indicadores pero sí sabemos que es más fuerte; vemos a niñas embarazadas y a niños solos durante todo el día en una choza a orillas del río Arauca porque sus padres están del otro lado trabajando.

Pocas ONG dan este tipo de información a los niños de la zona. Es una de las razones por las que Isaura comenzó con esta iniciativa junto a su hija y su hermana. Un poco de manera improvisada, respondiendo a la premura del caso.

Algunos comedores comunitarios de Guasdualito también sirven de escenario a este proyecto. Después de comer, las trabajadoras les piden a los niños que regresen al recinto unas horas más tarde para escuchar lo que Isaura tiene que decir. Luego les sirven una merienda.

Los talleres no se han podido dictar en las aulas de clase debido a que desde el inicio de la pandemia, en marzo de 2020, las actividades presenciales fueron suspendidas. Llevarlos a cabo vía online también es cuesta arriba. En el estado Apure, como en el resto del país, el servicio de internet es escaso e inestable y no todos cuentan con dispositivos para conectarse. Ante este obstáculo continúa hablando a los niños a través de la radio de Fe y Alegría, donde trabaja.

Cuando no va a las comunidades usa ese medio de comunicación para hablar de la prevención de abuso sexual infantil. Desde ahí le enseña a los niños de El Amparo y La Victoria, esos que no puede visitar debido a la escasez de transporte y gasolina en toda Venezuela, las restricciones de movilidad por la pandemia y el conflicto armado que hace unos meses tuvo lugar en una de esas localidades.

Llegar a las zonas rurales del estado Apure fue una de las principales metas que Isaura se trazó. Hasta el momento, las dificultades superan ese impulso de llegar más allá. No cuenta con transporte ni recursos para hacer esas visitas educativas. Incluso en el casco central de Guasdualito debe limitarse a realizar el taller dos veces al mes, debido a que, por la pandemia, entre semanas las autoridades impiden el paso a partir de las dos de la tarde, hora en que suelen empezar las charlas.

Cada viernes más niños se suman y más madres piden que hagan el taller en su calle. Las que ya recibieron la charla le agradecen a Isaura y le cuentan que los niños recuerdan y ponen en práctica a diario lo aprendido, lo que hace que esta iniciativa se muestre como una alternativa viable para minimizar la cifra de abuso sexual infantil.

Solo basta con buscar un espacio amplio e información en internet para poner en marcha un proyecto similar. La psicóloga Turmero asegura que no hace falta ser profesional en el área. Cree que buscar orientación, empaparse en el tema, conseguir un lugar adecuado, ir a las comunidades y hacerlo es la ecuación adecuada para intentar frenar los casos de abuso, y la clave para hacerlo replicable.

—Con eso estamos haciendo una labor preventiva y se pudiera disminuir los casos de abuso sexual, porque el niño va a estar claro en que no debe permitir ciertas conductas.

Además de los talleres de Isaura, otras dos organizaciones llevan a cabo iniciativas de este tipo. En Maracaibo, la fundación Soy un guardián realiza encuentros con niños de diferentes instituciones para hablar sobre la prevención de abuso sexual infantil. Y el Centro de Orientación Familiar también desarrolla talleres pagos y otros gratuitos sobre el tema en esa localidad.

Estas iniciativas, además, han tomado fuerza en otros países de la región. En Panamá, la fundación Unidos por la niñez creó la campaña “Lolita te cuida” para hablar a los niños sobre prevención de abuso sexual a través de talleres y videos. Y en México, la Fundación Pas lleva a cabo la iniciativa “Blindaje Pas”, con la que visitan distintos colegios para conversar sobre este tema.

Cuando el sol baja más hacia el oeste y el reloj marca las cuatro de la tarde, el Taller de Prevención de Abuso Sexual Infantil finaliza. Durante el cierre algunas madres admiten que deben poner más atención en los niños. Son ellas las que corren la voz sobre este proyecto y también forman parte de la dinámica final de cada viernes.

—Debemos estar más atentos y escuchar a los niños —dice una.

—Hay que cuidar a los niños de quien sea, porque la persona que menos uno cree le puede hacer daño a nuestros hijos —agrega otra.

El resto le habla a Isaura después. Le dan las gracias y le dicen que también aprendieron con las charlas y que ahora los niños tienen más cuidado cuando están solos. Una de las niñas alcanza a decir:

—Me gustó el aprendizaje que nos dieron: que a los niños y las niñas no se les deben tocar las partes íntimas y si viene un adulto a que le toquemos sus partes debemos decirle a alguien de confianza.

Para esta periodista eso es suficiente. El taller le está dando resultados. Así que se prepara para llegar a la siguiente comunidad apureña.

Esta crónica es parte del especial Cartas para sanar el abuso, producido por Historias que laten, con relatos de cuatro víctimas de violencia sexual  que decidieron liberarse de ese peso a partir de abril de 2021 cuando se fueron sumando al movimiento #YoTeCreo Venezuela. También contamos la iniciativa de dos mujeres que decidieron enseñar cómo prevenir el acoso y abuso sexual en un pueblo fronterizo del país .

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