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En su carta Luis* confiesa que el hecho de ser hombre lo frenaba para hablar de lo que le pasó. Tenía miedo de sentirse vulnerable, que la gente lo juzgara. Pero las víctimas de abuso sexual no piden pasar por eso. No importa el género

Texto Arantxa López Ilustración Betania Díaz

A todo el que me crea

De Luis

yo

Mi nombre es Luis. Tenía ocho años de edad cuando revelé que estaba siendo abusado sexualmente pero creo que todo empezó antes, tal vez uno o dos años atrás. No lo recuerdo con precisión.

Vivía en Valencia con mis papás, ellos trabajaban y la hija de una tía de mi papá me cuidaba. Dos de mis primos –uno de diecisiete años y otro de quince– iban a la casa y ahí fue cuando abusaron de mí.

Cuando le dije a una tía, le pedí que no le contara a nadie porque sentí que era mi culpa. No quería que se enteraran, pero se dijo. Viví con miedo, con pena. No quería ver a mi papá, me escondía de él porque sentía vergüenza. Mi mamá trató de ayudarme a llevar mi vida como un niño normal, dentro de lo que se pudo. Luego nos mudamos de estado y fue un cambio radical. Desde entonces no tuve contacto directo con los que abusaron de mí.

Se denunció, hubo un proceso en su momento. Mi mamá y yo viajábamos a Valencia para poder asistir a las audiencias pero era horrible tener que revivir todo lo que pasó ante tantas personas desconocidas, los exámenes forenses y la declaración policial.

Al final quedó “engavetado” como todos los casos de este país.

Nunca hablaba de eso, solo llegué a contarle a dos amigos. Cuando vi que un muchacho contó su historia hace poco me dio fuerzas para vencer el miedo y contar la mía.

Tantas historias de abuso me hicieron sentir vulnerable, triste y sensible pero también me ayudaron a ver que no soy el único que pasó por eso.

Luego de contarlo en el hilo de Twitter me sentí libre. Sentí que pude cerrar esa historia, lloré como no lo había hecho antes y creo que es porque no lo había hablado siendo adulto, no me había mostrado tan susceptible.

Era el momento de contar lo que me pasó y entender que no era mi culpa. Debía cerrar ese ciclo de dolor reprimido porque durante la niñez y adolescencia fui alguien inseguro, penoso, con complejos, introvertido.

Me perdoné a mí mismo porque durante años me culpé de todo lo que había pasado. Siento que mi testimonio pudo y puede ayudar a otros niños y jóvenes abusados a no sentirse solos.

Creo que el movimiento Yo te creo me cambió la vida.

Cada quien tiene un proceso para decidir hablarlo y sanar. No todos tenemos la misma edad, yo tardé 19 años en poder contarlo. Es necesario buscar hablarlo con algún profesional, ayuda muchísimo. Yo no lo hice y creo que por eso tardé tanto en sanar heridas.

Algo que me detenía era el hecho de ser hombre. Nuestra sociedad es machista y nos han enseñado que estas cosas “no le pasan a los hombres y si pasa no se cuenta”. Tenía miedo de sentirme vulnerable, que la gente me juzgara, pero las víctimas de abuso sexual no pedimos pasar por esto. No importa el género.

Soy activista de Derechos Humanos, dirijo una ONG y desde que conté todo he tratado de formarme más en áreas de feminismo y LGBTI, que son las poblaciones más vulnerables en estos casos. He hablado con más víctimas que contaron su historia por Twitter, les he mostrado apoyo, volví a hablar del tema con mi mamá, me he escrito con amigos y conocidos que me han ayudado a sanar.

Desde mi experiencia les digo que no se sientan culpables.

No es tu culpa.

El poder hablarlo, decir lo que pasó, libera, sana el alma. Lloren si tienen que llorar o griten si tienen que gritar pero no repriman esas emociones, no es sano para nosotros.

P.D: Decidí no hacer esto desde el anonimato. Quiero que mi historia sea contada y sirva de ejemplo a otros. Quiero decir que esta es mi historia, que pasé por eso y que lo superé. Así que me vuelvo a presentar, mi nombre es Alberto Muñoz.

Esta crónica es parte del especial Cartas para sanar el abuso, producido por Historias que laten, con relatos de cuatro víctimas de violencia sexual  que decidieron liberarse de ese peso a partir de abril de 2021 cuando se fueron sumando al movimiento #YoTeCreo Venezuela. También contamos la iniciativa de dos mujeres que decidieron enseñar cómo prevenir el acoso y abuso sexual en un pueblo fronterizo del país .

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