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Natasha también decidió compartir su historia. En esta carta se dice a sí misma que debe pedir ayuda y tejer redes con otras víctimas. “Porque a muchas nos ha pasado lo mismo y hay que crear comunidad entre nosotras”.

Texto Arantxa López Ilustración Betania Díaz

A todo el que me crea

De Natasha Martínez

yo

Fui abusada cuando tenía 19 años. La persona era mi pareja y hubo mucho abuso psicológico. Me decía “puta”, que le daba pena decir que era mi novio.

En algún momento, mientras peleábamos y me quise ir, tomó unos zapatos que yo había comprado ese día y me los lanzó. Pero solo golpearon a la pared.

Tardé mucho tiempo en asimilar que era abuso. Cuando teníamos relaciones sexuales le pedía que usara preservativo y no lo hacía. Me costó entender que cuando le dices que no a una pareja y de todas maneras lo hace es violación.

Fue difícil de procesar y por esa experiencia sentía que nadie más me iba a querer, que tenía que quedarme con él, que era como un secreto que teníamos y que nunca iba a tener una pareja que realmente me quisiera después de él.

Yo lo odiaba pero me quedé con él por eso.

Me pedía que nos grabáramos para tener relaciones, lo hice. En una relación tan abusiva como esa no sé qué tipo de consentimiento puede haber cuando sientes que es una obligación. Luego me amenazó con publicar videos, otro motivo por el cual no hablé nunca.

Hace poco me enteré de que había tenido una hija con una muchacha que lo denunció y quedó impune. Yo también he pensado en denunciarlo pero me desmotiva la cantidad de tiempo que demanda y la forma en que todo “funciona”. Ya tiene una denuncia pero sigue libre, yo tengo capturas de pantalla donde dice que me va a matar pero no sé si puedo sostener mi vida, mi trabajo y todo mientras me dedico a denunciarlo.

Yo lo borré de todas partes, siento que un año de mi vida es medio borroso, tengo baches en mi memoria porque fue una época traumática. Un día lo encontré en la calle y fue como si no lo conociera, prefiero negar que fui víctima de él. Me daba vergüenza todo lo que permití. Es difícil reconocer lo que dejé pasar porque no es lo que me identifica, no es quien soy.

No quiero volver a ser esa persona.

Mi relación con los hombres se ha visto muy afectada y me ha costado entender que poner límites es algo normal. No solo con parejas, sino con la gente en general. Es normal y está bien poner límites. Me quitó un peso de encima saber que lo que había pasado no había sido mi culpa.

Lo de Twitter ha sido abrumador pero me ha permitido conectar con mujeres que han tenido experiencias similares. Me ha aliviado. Estoy tratando de resignificar mi vida aunque no sé si estoy haciendo lo correcto. Me cuesta hacer vida social, estar en una dinámica grupal otra vez, quiero estar distanciada de todo, estoy asimilando cosas mías.

He ido a terapia varias veces. Tuve una mala experiencia con una psiquiatra que fue poco ética y compartió cosas con mi familia. Después conocí a otra que aumentó mucho el precio de las consultas y no pude seguir pagando. Actualmente encontré a alguien en redes sociales con una tarifa que me funciona.

Me digo a mí misma que debo pedir ayuda y hacer enlaces porque a muchas nos ha pasado lo mismo, hay que crear comunidad entre nosotras.

Es difícil porque no siento que sea una solución aislarte pero he tenido la necesidad de procesar las cosas por mi cuenta. No sé si es bueno o malo pero hay que conectar con las personas que realmente resuenen contigo.

No debemos guardarnos las cosas, hay que hacer lo que nos haga sentir mejor.

Esta crónica es parte del especial Cartas para sanar el abuso, producido por Historias que laten, con relatos de cuatro víctimas de violencia sexual  que decidieron liberarse de ese peso a partir de abril de 2021 cuando se fueron sumando al movimiento #YoTeCreo Venezuela. También contamos la iniciativa de dos mujeres que decidieron enseñar cómo prevenir el acoso y abuso sexual en un pueblo fronterizo del país .

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