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Por ti, por tu casa

Por lo que espera

¡Vuela Satanás!

Yo digo lo que veo

Todas las noches me voy a casa de un tío a bañarme porque no tenemos agua. Me baño en el patio que está detrás de la casa, al aire libre para alumbrarme con la luz de la luna porque no hay electricidad. En Sabaneta, estado Zulia, debemos protestar para que nos pongan la luz pero hacerlo todos los días cansa.

Mis tíos viven en un cerrito, al lado queda un basurero gigante. Nuestras casas están a cinco minutos de distancia. Cuando uno se baña entre las seis y las nueve de la noche nadie te ve pero todo se oye.

Una noche, mientras me bañaba, se empezó a escuchar algo difícil de describir, era como si estuviesen torturando a una persona y a un animal a la vez.

Mi padre decidió acercarse un poco más para poder escuchar mejor y saber si estaban haciendo un exorcismo o un ritual de santería. Era lo segundo, aunque es probable que un grupo de personas estuviese invocando al diablo para que les diera luz.

“Eso ya es normal, los vecinos a veces se ponen así”, comentó mi tío sin asombro.

La esposa de mi hermano tenía miedo de bañarse porque no quería que le cayera un demonio encima y mi papá comenzó a cantar la canción de la Billo’s Caracas Boys, “El brujo”:

¡Vuela Satanás!

Yo digo lo que veo

Así se enfrenta a los santeros un maracucho, aunque es difícil bañarse tranquilo mientras el aire se impregna de olor a tabaco y sólo se oyen gritos.

Lo que sí se ve clarito

Es que son feos los dos

Son feos los dos

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