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La cuarentena está llena de personas que en muchas ocasiones, desde la sombra, aportan su grano de arena para enfrentar la crisis mundial que desató el Covid-19. Este es el caso de Mariflor González y de las decenas de costureras que le dan vida a Uchua Petit y Sprint Venezuela. Tres iniciativas distintas con un objetivo común: confeccionar y donar mascarillas. Este es otro ejemplo de cómo en Venezuela #LatimosEnCuarentena

Fotos Cortesía

El anuncio de los primeros casos de Coronavirus en el país, el 13 de marzo, mostró varias postales de zozobra colectiva. Entre ellas, escenas de las miles de personas que salieron a hacer filas para comprar tapabocas. Este se convertiría, en cuestión de horas, en el artículo más buscado por los venezolanos y en la indumentaria obligada para los escasos transeúntes que caminan por las calles. 

Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) había recomendado que deben llevarlo solo quienes presentan síntomas del virus, en Venezuela se decretó su uso obligatorio. Este anuncio hizo que la gente empezara a llevarlos por montones de los anaqueles y que su costo se multiplicara en tan sólo días. 

Fue así como muchas personas decidieron probar sus dotes en el zurcido y fabricar sus propias mascarillas, aunque estas no sustituyen la efectividad de mantener el distanciamiento social y el lavado frecuente de las manos. Así lo asumió Mariflor González, habitante de Guarenas, quien en sus tiempos libres se dedica a desarrollar un emprendimiento de trajes de baño. La experiencia en la costura y los retazos de tela sobrantes de su trabajo serían todo lo necesario para poner manos a la obra. 

—Empecé a ver tutoriales de cómo fabricarlos y aprendí para que de verdad protegieran. Aunque los primeros los hice para mí y mi familia, pronto empecé a elaborarlos para los vecinos de mi zona. Quise generar el bien colectivo. Si ellos están sanos yo también lo estaré —dice Mariflor.

El incentivo de las creadoras de la tienda de ropa para bebés Uchua Petit fue muy similar. La cuarentena detuvo su actividad comercial, pero no el respaldo a sus empleados. Cristina Mendoza cuenta que, junto a sus socias, decidió seguir pagando los sueldos de sus trabajadores durante el aislamiento y proveerles a ellos y a sus familias, tapabocas fabricados con la tela de los vestidos. 

—Descubrimos que los retazos con los que usualmente hacemos los lazos, servían para hacer tapabocas y el forro de los vestidos lo podíamos utilizar para hacer la doble tela, necesaria para que el virus no se filtre. Así empezamos a fabricar 250 mascarillas semanales para donar a las comunidades —detalla Cristina. 

Los primeros lotes fueron repartidos en Caricuao, al oeste de Caracas, por las mismas costureras de la tienda. Aunque la escasez en el suministro de gasolina los ha obligado a detenerse momentáneamente, su próximo objetivo es visitar comunidades de Baruta, en el sureste capitalino, para repartir las mascarillas. 

La agencia de la Organización de las Naciones Unidas para la infancia (UNICEF) calcula comprar y distribuir 26,9 millones de mascarillas quirúrgicas que en su mayoría serán entregadas a los “héroes de la primera línea”: todo el personal sanitario, que día a día se expone, más que cualquier otro, al contagio. 

Ellos también son la prioridad de empresa de ropa deportiva Sprint Venezuela, ubicada en Cumaná, estado Sucre. Desde el lunes 16 de marzo, en el inicio de la cuarentena, sus 35 costureras pasaron de fabricar vestimenta para atletas a dedicarse exclusivamente a la confección de mascarillas. 

Aunque los primeros casos del virus en Venezuela estaban lejos de la región oriental, esta empresa activó la campaña “ayúdanos a ayudar”. A esta se sumaron otro puñado de emprendedores que donaron la tela para la confección de los tapabocas, para que los creadores de la iniciativa solo se encargasen de aportar la mano de obra y los hilos. 

—Inicialmente los entregamos en el Hospital Universitario Antonio Patricio de Alcalá, pero cada día fuimos incrementando la cantidad de fabricación y empezamos a apoyar a otros organismos públicos y privados. También a cuerpos de seguridad, como los bomberos. Hasta ahora hemos repartido más de 3.000 tapabocas —cuenta Rodolfo Javier, uno de los fundadores de la marca. 

Los protagonistas de estas historias coinciden en que esta circunstancia desatada por la pandemia mundial es pasajera y la asumen como otro reto más para sus emprendimientos. También la ven como una oportunidad perfecta para concentrarse en su reinvención y ayudar a los demás.

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