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Este año abrimos un buzón para recibir todos los buenos deseos de familiares, amigos y conocidos que se encuentran latiendo alrededor del mundo. Llegaron pequeñas cartas llenas de amor, nostalgia y esperanza. Queremos compartir con ustedes estas #PostalesDeLaDiaspora que llegaron desde México, Suiza, Ecuador, Japón, Perú, Estados Unidos, Argentina, Polonia, Costa Rica, Portugal, República Dominicana, Malta, Ciudad del Cabo, Lisboa y Holanda. Nos han hecho reír y llorar porque son historias de venezolanos que laten en la distancia

Desde el año 2009 se comenzó a usar el término “diáspora” para referirse a esta emigración masiva de venezolanos que registro un aumento progresivoe más marcado a partir de 2017.

En Venezuela solo durante los años 2016 y el primer trimestre de 2018 salieron alrededor de dos millones de personas, de las más de cuatro millones y medio que se han ido. 

Diáspora se refiere a una dispersión de un grupo étnico o social debido a razones políticas, económicas, de seguridad, entre otros.

Deseo reunirme con toda mi familia en Venezuela y tener esas navidades en las que compartías con familia y vecinos, con unidad y alegría.
Por otro lado desearía mucha paz y prosperidad para nuestro país y que pronto se pueda acabar esta pesadilla en la que vivimos para poder cumplir mi primer deseo

Deseo de Navidad: gozar de esa navidad en familia de la que gozaba antes de separarnos, ese calor de hogar, de entendernos a través de lo implícito y de sentirme en sintonía con cada persona con la que me podía cruzar hasta en la calle, que por más que fuera un desconocido esta época nos prendía un sol radiante a cada uno en la cara y el corazón

Como buen venezolano, es automático asociar el 24 y 31 de diciembre con las respectivas cenas familiares, porque valiente el que ose salir de viaje o de rumba con los amigos. Para mi generación que creció en Venezuela, nuestros deseos siempre fueron salir de viaje, un carro nuevo, una casa propia y hasta una pareja para estrenar el nuevo año. Pero para 2020 deseo que nuestros familiares/ amigos que se encuentran fuera de Venezuela, puedan seguir trabajando duro y reuniendo pacientemente para reencontrarnos pronto en otra cena navideña… aunque esta vez sea en una nueva parte del mundo.

La mayoría de los venezolanos que se ha ido añora éstas tierras. Extrañan El Ávila, el pico Bolívar, el lago de Maracaibo, el salto Ángel y el río Orinoco. 

Este es el éxodo más grande que se ha registrado en la historia reciente de la región. Según la Agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR, este año se registraron más de 4,6 millones de personas refugiadas y migrantes de Venezuela alrededor del mundo. 

Se calcula que esta cifra llegue a los cinco millones el próximo año.

Mi deseo para esta Navidad, para tantos venezolanos, dentro y fuera del país, es que esta época nos conceda ese mínimo de paz y esperanza indispensables. En medio de las agitadas aguas que nos ha tocado navegar, aquí y allá, y que nos tocará seguir navegando, admitámoslo, deseo honestamente que esta época nos dé la sabiduría para aprender el arte de remar en medio de este huracán y conseguir ese pequeño gran gesto de virtuosismo: evitar que salga a flote lo peor de nosotros como ciudadanos, como personas, mientras llegamos a puerto seguro con el horizonte despejado, como el que tiene hoy el malecón de Santo Domingo.

Mi deseo, que creo es el de muchos que estamos afuera, es poder volver en algún momento y pasar navidades con mi familia como la pasaba antes. Estar con mi abuela, con mis papás, la música de uno, comerme una hallaca y estar en el calor de las playas de mi país. Ese es mi único deseo. Mi deseo de siempre

Cada vez que escribo o converso con los míos, para felicitarlos por su cumpleaños, algún día especial, o simplemente para saber cómo están, cierro con “millones de besos y apapachos”; haciendo esto consciente, estoy segura de que es mi más grande deseo para esta Navidad. Quiero volver a besar a todos los amores de mi vida, y sobre todo reencontrarme en un apapacho, de esos largos y tan profundos que te tocan, traspasan, cuidan, curan y llenan el alma.

Amamos viajar y conocer otros continentes pero siempre nos harán falta el calor de nuestro hogar,  sabores y olores de nuestra casa, el abrazo de mamá y los cuentos de nuestros primos. 

Según una investigación realizada por la Universidad Católica Andrés Bello, 80% de los migrantes tienen entre 15 y 49 años y un 57 % tienen alrededor de 15 y 29 años. Una población joven. 

La Agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR, destaca que en promedio salieron más 100.000 personas por mes este año. Desde enero hasta noviembre se calculó que 1.418.345 de venezolanos que se fueron del país, con picos en tres meses que pasaron de 150.000 migrantes.