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Una de las maneras que encontró el fotocronista Miguel Hurtado para escapar al encierro de la pandemia es retratar esos paisajes cambiantes desde su ventana en los Altos Mirandinos, en las afueras de Caracas. Allí, en el imaginario de las nubes, ha encontrado un lugar para hacer catarsis, para expresar lo que no se puede racionalizar. Estas son las islas a las que viaja todos los días

Cuentan que estudiando a las nubes, Alfred Stieglitz -quien fuese uno de los precursores para que la fotografía alcanzara el estatus de arte- buscaba equivalencias.

“Equivalencias de sus emociones, del caos del mundo y de su relación con este caos. Estos fragmentos de nubes forman tanto una magistral exploración metafísica, como una experimentación estética radical, a través de la práctica de la fotografía”, según relata en How I came to photograph clouds, una carta privada e inédita que posteriormente fue publicada con su consentimiento.

Luego de que un crítico afirmara que el poder de la fotografía de Stieglitz yacía en poderes hipnóticos que este ejercía sobre sus fotografiados y de que su hermanastro lo increpara en relación con su abandono de la música en pos de la fotografía, Stieglitz decidió retomar su anhelo de fotografiar nubes, el cual no había podido concretar 35 años antes, debido a limitaciones tecnológicas de la época.

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“… A través de nubes exponer mi filosofía de vida -mostrar que mis fotografías no dependían del sujeto- ni de un árbol especial, o de un rostro, o algún interior, privilegios especiales, a fin de cuentas las nubes estaban ahí para todos -sin impuestos- gratis”.

En primera instancia Stieglitz buscaba crear imágenes que al verse gritaran música, así que tituló a su primera serie de vistas Music – A Sequence of Ten Cloud Photographs, sucesivamente cambió el título por Songs of the Sky y luego Equivalents.

Perseguir ese ideal de una fotografía que logra trascender su cualidad de índice, que logra liberarse del referente, del objeto fotografiado y logra transformarse en algo más, es un ejercicio en el cual siempre he podido refugiarme, a través del cual he podido hacer catarsis, hacer visible aquello que está dentro de mí y ante la imposibilidad de definirlo, racionalizarlo a través de palabras. Supongo que poder expresarse mediante imágenes resulta una ventaja. Además, como las nubes casi siempre están ahí, libres y a disposición de todos sin mayores restricciones, al final no es más que otra versión de “mirar al cielo en busca de respuestas” pero es un sentido menos teológico.

En lo personal considero más manejables los conceptos, ideas, sentimientos que pueden hacerse visibles, ya sea directamente o indirectamente, quizás por eso me llena de sosiego el buscar metáforas visuales.

Así como el fotógrafo japonés Hiroshi Sugimoto, quien se consideraba un anacrónico que decía sentirse más cómodo en un pasado ausente. Resolvió su deseo de poder mirar al pasado, tan remoto “como aquel que pudo haber sido observado el primer ser humano” a través de sus “Seascapes”.

Quizás a través de “Skyscapes” en cierta forma se pueda mirar al futuro incierto. El cielo y sus nubes vinieron a mi mente. Cuántas horas y días habría dedicado a observar el cielo durante el encierro.

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