Seleccionar página

La familia de Martiza celebró que no perdieron su voto este domingo, no tanto porque ganara Manuel Rosales, sino porque sienten que por fin habrá un cambio de gobierno en el estado Zulia. Tanta fe le tienen a este resultado, que cuando llovió al día siguiente se lo atribuyeron a la victoria de la oposición.

Presentamos una nueva entrega de Crónicas Electorales, una cobertura en alianza entre Efecto Cocuyo e Historias que laten para contar las historias detrás del #21N en cuatro regiones del país. #CrónicasElecciones2021

En 2017, Maritza* fue a depositar lo que ella creía como “su último voto”. Las elecciones regionales de ese año, pensó, eran el gran paso a una salida en el Zulia. En esos comicios, el candidato Juan Pablo Guanipa, por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), ganó la gobernación del estado occidental con un 51,35 % de los votos frente a Francisco Arias Cárdenas, del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), con un 47,38 %. Pero lo que vino después nunca lo esperaron: al no juramentarse ante la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), impuesta por la administración de Maduro luego de las elecciones legislativas de 2015, Guanipa no ejerció su cargo. En ese mismo año, y en unas nuevas elecciones para ese puesto en diciembre de 2017, resultó electo Omar Prieto Fernández –alcalde del municipio San Francisco- como nuevo gobernador del estado Zulia por el PSUV. —Ahí fue donde empezó la pesadilla para el Zulia y yo decidí no ir a votar más. Todo empezó a escasear y si en todos lados no había nada, aquí en este sector menos había, porque siempre nos han tenido olvidados. Solo nos buscan para los votos —dice Martiza, ama de casa de 38 años y habitante de El Marite, un popular sector del oeste de Maracaibo, más conocido por albergar el Centro de Arrestos Penitenciarios “Francisco J. Duarte”.

Para Maritza, quien vive con su esposo, su hijo de 6 años, y sus padres, recordar los años de gestión de Prieto “es un dolor inmenso”.

—Mi bebé sufre de asma y era un tormento cuando se iba la luz por las noches. Bajamos mucho de peso, el sueldo que ganaba no alcanzaba más que para una sola comida. No llegamos a comer de la basura, pero la comida del CLAP -Comités Locales de Abastecimiento y Producción- tampoco era tan nutritiva. Como saben [el consejo comunal] que aquí no llega nada, nos quieren mantener bajo presión con el cuento de los beneficios —relata.

Con la llegada de Prieto a la gobernación y Willy Casanova en la alcaldía de Maracaibo, los consejos comunales adquirieron más “poder” en El Marite, un territorio casi olvidado que carece y padece los servicios más básicos: apagones de más de ocho horas al día, agua solo por cuatro días al mes y el aseo urbano no llega más de dos o tres veces al año.

Sin contar la desconexión de esa zona, donde la cobertura telefónica y de internet es intermitente y no hay señal de televisión abierta.

—Teníamos que depender del CLAP y ligarlo con lo poco que podíamos comprar. Pero eso llegaba de cuando en vez, a veces solo dos bolsas en 6 meses y con suerte.

Maritza habla en pasado porque, entre tanto descontento, decidió ir a votar el domingo 21 de noviembre. No solo ella, también sus padres y esposo.

Todos votan en la Unidad Educativa Nacional José Félix Rivas, uno de los centros de votación principales de la parroquia Venancio Pulgar, en Maracaibo, con 6.233 electores inscritos.

—Afuera (del centro de votación) me dijeron que si votaba por la MUD, ya no me iba a llegar el CLAP ni ningún otro beneficio. Pero digo yo, si estando ellos no nos llega nada, ¿para qué exigen? —contó antes de entrar a votar, al mediodía.

Su elección: Manuel Rosales como gobernador y Rafael Ramírez como alcalde, una dupla que han denominado como “la llave”.

Maritza y su familia no tardaron más de cinco minutos en el centro de votación porque fue “muy fácil”.
—No voté por Rosales porque fuera una esperanza, aunque sí recuerdo su gestión y tengo recuerdos muy buenos, más que todo del programa de hospitales (Salud Vital). Voté por él porque es la única manera de salir de Prieto —aseguró.

Según cálculos informales de los consejos comunales de José Félix Rivas, la participación hasta el cierre de mesas, a las 6:30 pm, no abarcó más del 25 % de electores de esa comunidad.

Sin embargo, había un ganador local, Rosales, a quien ya le adjudicaban a esa misma hora la gobernación del estado.

Pero no fue hasta las 12:00 de la medianoche que las autoridades del Consejo Nacional Electoral (CNE) leyeron los resultados del primer boletín oficial: Manuel Rosales era el ganador.

“Omar Prieto se va, se va”, gritaba la familia de Maritza. Todos vieron los resultados a través de transmisiones en vivo de YouTube, ante la falta de televisión.

El resto de vecinos se iba enterando de los resultados por los cohetones y fuegos artificiales que invadían el cielo, al igual que la gaita a todo volumen, provenientes de camiones del centro de campaña de la MUD en Venancio Pulgar que recorrieron la comunidad.

“Que se pongan las pilas”, exclamaban, por otro lado, los jefes de calle, quienes retiraron todos los toldos y obstáculos dispuestos para llevar a cabo las elecciones regionales.

Luego de los resultados, el silencio que reinaba desde la mañana del domingo continuó hasta el lunes, cuando a eso de las 5:30 de la madrugada, una llovizna resonó en los techos de lata de las casas y despertó a los habitantes del sector.

“Ese es el cambio. Omar Prieto era tan malo que ni lluvia caía”, gritaban algunos ciudadanos que miraban las gotas de agua desde el frente de sus casas.

Mientras tanto, Maritza y su familia celebran que “no perdieron su voto”.

—Es que es eso, no solo es que ganó Manuel Rosales, es que Omar Prieto por fin se va. Podemos tener alguna esperanza en que esto mejore. No de la noche a la mañana, pero este es un paso que lamentablemente no pudimos ver en 2017.

*Se usó un nombre distinto para preservar la verdadera identidad de la protagonista

¡Tus historias favoritas por correo!

¡Tus historias favoritas por correo!

Suscríbete al Boletín HQL para recibir relatos que conectan y novedades de tu interés.

¡Gracias por suscribirte al Boletín HQL!