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Maira Malavé

La que pone orden

Entre árboles de mijao, tamarindo chino, jobo, plátano y cacao, su risa a carcajadas resuena como un trueno que viaja entre las hojas.

—Aquí en el pueblo hay dos “Mairas”, pero una es “la loca” y yo que soy “pea” —ríe otra vez y golpea su pierna.

     Maira Isabel Malavé Matos trabaja con el cacao desde hace más de 20 años seguidos. De niña la llevaban a que ayudara a su familia a cosechar, por lo que aprendió viendo y escuchando a las mujeres de antes. Actualmente, a sus 48 años, es la presidenta de la Hacienda Campesina Cata.

—Todos le comenzamos a decir así, cuando la loquita del pueblo le empezó a decir “Maira, pea. Maira… pea” cada vez que la veía porque siempre estaba enratonada (con resaca) y así se quedó “Maira Pea” —cuenta Nego, una de sus compañeras en la Hacienda.

—Una vez, hace años, pasé todo el domingo bebiendo y el lunes en la mañana todavía tenía esa curda crudiiita, pero tenía que venir a trabajar y lo hice. Poco a poco fui haciendo mis cositas. Limpié el monte y revisé las matas. Pero a media mañana estaba molida, en verdad, en verdad molida, y entre el calor y la sed lo único que se me ocurrió fue acostarme a dormir dentro de la acequia —las cuatro se ríen y se miran como si fueran niñas que hicieron una travesura.

—Eso sí —se sienta erguida sobre el tobo que lleva para cargar agua y cacao—, aunque tome y no me sienta bien del todo, yo vengo, porque es mi compromiso. Este es mi trabajo. Solo falto si me enfermo o si un día me sale un tigrito. Entonces voy y lo hago y mis compañeras me cubren. Pero al día siguiente regreso. Así hacemos todas.

Pea está detrás de Juan García, o como le apodaron en el pueblo, Juan de Dios, quien las ayuda en el plan de rescate de la hacienda, para organizar los papeles, saber el estatus de los pagos y entender cómo deben ser los procesos para llevar la Asociación Civil: Empresa Campesina Cata. Maira cree que su pueblo puede surgir trabajando la tierra.

—Esa es la que nos dice: “Mujeres, no hay que decaer. Si nos vamos, todo esto se pierde. Tenemos que seguir insistiendo, no podemos abandonar” —dice Marelis señalando a Maira.

—Es que es así. Nosotras hemos trabajado mucho por mantener estas tierras. La Hacienda con el cacao es el futuro de nuestro pueblo, aunque ellos todavía no lo vean.

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