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Con la mirada al cielo, niños, jóvenes y adultos celebran entre papagayos y música que hace 400 años se comenzó a formar la parroquia de Petare en la Caracas rural

Créditos 

Video Carlos Bello

Texto y foto Anaís Marichal 

En Petare, varios papagayos corren libres y veloces hacia las nubes, otros giran atrapados por corrientes de aire, algunos se enredan y tumban a otros, unos se van lejos y se convierten en un punto diminuto que flota tranquilo.

Con la mirada hacia el cielo, niños, jóvenes y adultos celebraron así, entre alimentos solidarios, papagayos y música, los 400 años de su parroquia.

Se han cumplido ya cuatro siglos desde que este lugar -catalogado hoy como el conglomerado de barrios más poblado de Latinoamérica- comenzó a formarse como un pueblo en la Caracas rural.

El cielo despejado de la tarde del miércoles 17 de febrero se llena de pronto de colores, y el viento suave eleva los papagayos sobre El Morro, una colina de hierba y espigas verdes, coronada con una cruz como la de El Ávila dispuesta en medio de las casas de bloque y cemento.

En esta colina, en la que los niños siempre juegan, ahora están soltando y recogiendo los hilos de sus carretes para que los papagayos vuelen mientras la sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho hace sonar sus violines y trompetas.

Por momentos, algunos cometas caen en picada, pero siempre se levantan con sus colores brillantes y vuelven a volar, una metáfora perfecta para describir el espíritu que define a los petareños.

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