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La confección de compresas artesanales es sólo un primer paso para que las mujeres de sectores populares de Venezuela resuelvan de manera digna su higiene menstrual, y entiendan su ciclo como una renovación y no como un castigo. Lo que aprenden en estos talleres de costura logra cambiar sus vidas

Ilustraciones Shari Avendaño

La parte anterior es de tela con flores de colores sobre un fondo azul, la de la parte delantera es beige y por dentro lleva un paño o manta polar, para que sea más absorbente.

Todo se une en los bordes por una costura continua hecha a máquina. Las alitas están confeccionadas con broches para cerrar, convirtiéndola en un paquetito semejante a una pequeña carta.

Guardada en cualquier bolso, nadie pensaría que se trata de una toalla sanitaria ecológica, una que no contamina, una que puede durar hasta cinco años con los cuidados adecuados, una a la que se puede acceder por 1 dólar o menos y, sobre todo, una que soluciona el escaso acceso a productos de higiene menstrual.

—¿Toallas desechables? Yo más nunca las usé y las que tenía en mi casa, las regalé. Tenía un montón que fui acumulando por la escasez y a la gente que se las di estaban felices. Las doné y luego les conté de las ecológicas y de cómo me cambiaron la vida.

3 de cada 10 mujeres compran productos

de higiene menstrual “solo a veces” (Informe Salud para Todas 2021).

3 de cada 10 mujeres compran

productos de higiene menstrual

“solo a veces” (Informe Salud para Todas 2021).

Carmen Elena Moreno resume su experiencia con las toallas sanitarias de tela con alegría y con la convicción de que así puede reducir la pobreza menstrual, esto es, convertir el estrés en bienestar. Como le sucedió a ella cuando descubrió esta alternativa para resolver cuando le llegara la regla.

La iniciativa de fabricarlas, regalarlas a amigas y promover su uso la aprendió de América Villegas, la educadora que le dictó un curso de costura de toallas ecológicas en 2018. Esas lecciones le causaron tanto impacto que se convirtió en ayudante de la profesora y facilitadora de los talleres.

La pupila recuerda que lo primero que pensó al ver las toallas confeccionadas a mano fue: “ay, las tengo que lavar, mejor no”. Pero luego, al usarlas todos los meses, entendió que era una forma de resignificar su menstruación y “estar mejor” con ella misma. Aprendió a aprovechar el ciclo menstrual para mejorar su piel o el crecimiento de su cabello, pero sobre todo para sentirse más cómoda en esos días en los que las mujeres sangran.

Dos años antes de conocerse, la profesora América había descubierto las ventajas de coser y usar toallas artesanales. En 2016, la crisis económica en Venezuela comenzó a agudizarse y conseguir toallas sanitarias era una proeza mayúscula. No es exagerado decir que ese año no se conseguían en farmacias, ni abastos, y las pocas que aparecían de vez en cuando eran importadas y costosísimas. Por eso las mujeres comenzaron a ingeniárselas para lidiar con la menstruación sin la toalla desechable o los tampones que antes compraban sin tanta dificultad todos los meses.

América, quien es además activista en temas de la femineidad, se puso entonces creativa porque necesitaba encontrar una opción para su higiene menstrual. Así tuviera que fabricarla ella misma. Buscó tutoriales en video, asistió a un taller de costura a mano y aprendió a confeccionar toallas sanitarias de tela con un método que ahora imparte en sus talleres a decenas de mujeres.

Su propia experiencia de usar toallas ecológicas la preparó para formar a otras sobre cómo fabricar implementos para la menstruación. Sus dolores desaparecieron, al igual que las infecciones que solía sufrir durante el periodo, ya no había olores molestos ni alergias o incomodidad y, lo mejor, el gasto se redujo a cero al usar un producto con una durabilidad de unos cinco años.

—Para mí fue un descubrimiento. En ese proceso empiezas a conocer cómo funciona tu cuerpo, cómo son tus fluidos. Todos esos procesos que son tan importantes y como yo lo ví tan increíble, decidí que quería mostrarlo a otras mujeres —recuerda América.

Muchas salen de estos cursos con la única toalla sanitaria que usarán para su periodo en los próximos meses. Otras cosen unas más con material en casa y arman su kit artesanal para pasar la regla. Abuelas, mujeres jóvenes, adolescentes y chicas de todas las edades se suman al reaprendizaje que obtienen en estos talleres que se imparten en algunos barrios caraqueños, donde hay dificultad de acceso a productos de higiene menstrual.

Cuando América y Carmen Elena comenzaron a promover la confección de las toallas de tela, el problema más grave era la escasez, pero actualmente, es la brecha del poder adquisitivo.

Con un salario mínimo que hoy ronda los 5 dólares y una tasa de desempleo del 58,3%, calificada por el Fondo Monetario Internacional como una de las más altas del mundo, las mujeres venezolanas tienen pocas opciones en torno a su higiene y terminan cayendo en la pobreza menstrual.

Los datos de esta radiografía social son preocupantes: 9 de cada 10 mujeres son pobres menstruales y 1 de cada 10 están en condición de pobreza menstrual extrema, según un estudio realizado por la Asociación Venezolana para una Educación Sexual Alternativa (Avesa), entre mayo y junio de 2020 en la región capitalina.

Asimismo, un análisis más reciente de esta ONG, presentado en abril de 2021, reveló que un 27,7% de las mujeres, niñas y adolescentes sustituyen regularmente productos de higiene menstrual por alternativas caseras.

Es en este contexto en el que América ha logrado dictar al menos 15 talleres del uso de la toalla ecológica. En los últimos tres años, cerca de 100 mujeres de barrios caraqueños han aprendido en esos cursos a armar y coser sus propias toallas.

—A veces la toalla que fabrican en el taller es la única que tienen y que usan desde ese momento porque el dinero no alcanza para comprar unas desechables. Hemos llegado a tener mujeres que son madre e hija y se prestan entre ellas sus toallas porque no tienen recursos para hacer otras— comenta.

7 de cada 10 mujeres no tienen

agua en sus hogares (Informe Avesa, 2020).

7 de cada 10 mujeres no tienen

agua en sus hogares

(Informe Avesa, 2020).

Esa es la impresión que le ha quedado tras dictar talleres en sectores populares de Caracas como Antímano, Guarataro, Petare, Catia, Los Eucaliptos, La Vega, entre otros.

Cuando la llaman de alguna comunidad, solo basta con mostrar genuino interés para que se organice algún acuerdo: canjea algunos alimentos, productos o simplemente el agradecimiento a cambio de su taller sobre elaboración artesanal de toallas y menstruación consciente. Todas las participantes son mujeres con dificultades para acceder a los productos de higiene menstrual en barrios caraqueños.

Les enseña a crear sus propias compresas, a entender con qué material se pueden construir, cómo rellenarlas y forrarlas. Pero también aprenden sobre lo que contendrán estas toallas: la menstruación, su importancia, la naturalización de un proceso físico que las avergonzaba y sobre el que preferían no hablar.

La creadora de esta iniciativa, que ya trabajaba con el parto humanizado y vendía cursos de ciclicidad menstrual para organizaciones en el exterior, usa esos recursos para comprar las telas y demás utensilios que necesita en los talleres en comunidades.

Aunque va más lento de lo que espera, no genera ingresos con esta actividad y debe autogestionarla, la activista está convencida de la relevancia de su trabajo con estos talleres.

Más allá de lo económico

En Venezuela, dado los indicadores críticos sobre pobreza menstrual, llama la atención iniciativas ciudadanas como las de promover la confección de toallas artesanales, sobre todo en zonas donde hay mayores carencias, pues es allí donde los talleres de costura encuentran su nicho.

Merlyn Pirela lo entendió cuando invitó a América a dictar el curso para un grupo de mujeres en El Guarataro, un barrio del oeste de Caracas.

Para ella fue un momento liberador pues pudieron aprovechar una habilidad que muchas manejan: coser.

—Las toallas ecológicas son una salida —asegura Merlyn—. Muchas de mis vecinas dicen que les va mejor así, porque son una solución no solo para quien no pueda comprar toallas. Va más allá de lo económico, se trata de nuestra higiene respecto a la regla, es más seguro, no irritan, se ajustan a nuestro cuerpo y una no siente una cosa extraña que supone el plástico en el cuerpo.

Claro que todas las que han optado por esta opción se encuentran frente a otra gran limitación, la falta de agua. En Venezuela 71,9% de la población recibe servicio inconstante de agua potable, de acuerdo con un reporte del Observatorio Venezolano de los Servicios Públicos de enero 2021. Eso y el costo de un paquete de toallas sanitarias que ronda los 2 dólares, un poco más de la mitad de un salario mínimo, son las cuestas que deben remontar las mujeres que habitan barrios venezolanos para su higiene menstrual.

El salario mínimo en Venezuela equivale

a USD 3 mientras un paquete de toallas sanitarias

de 10 unidades cuesta unos 2 dólares.

El salario mínimo en Venezuela

equivale a USD 3 mientras

un paquete de toallas sanitarias

de 10 unidades cuesta unos 2 dólares.

A estas limitaciones para que los talleres de costura de toallas de tela tengan mayor impacto, se suman los tabúes, la falta de información y la pobreza extrema de algunas mujeres que no tienen ni siquiera un trozo de tela que picar para hacer sus toallas.

Pero a pesar de todo esto, América insiste: explica cómo el agua usada para lavar las toallas puede ser hasta abono para las plantas y así se reutiliza. Le muestra a las mujeres cómo aprovechar toallas de baño viejas o ropa que ya no se usa para fabricar las compresas de tela, y les hace ver cómo esta alternativa ayuda al bolsillo y al planeta al mismo tiempo.

Para romper tabúes

Como América y Carmen Elena, otras mujeres también han empezado a confeccionarlas. Algunas las hacen para vender como una oferta distinta a las comerciales que permite ahorrar gasto a mediano plazo y asumir con orgullo el ciclo menstrual.

Bárbara Martín las descubrió en 2012 en un viaje a China en el que encontró una tienda en la que las toallas ecológicas eran un producto exclusivo y costoso. Al volver a Venezuela, un año después, se dio cuenta de que había mucho rechazo a esta opción, y decidió emprender la creación y la venta de las toallas de tela como una forma de hacer activismo en pro de los derechos de las mujeres.

Desde su cuenta en redes sociales, Bárbara predica con honestidad que la menstruación es un proceso de vida y de regeneración, y promueve el uso de toallas ecológicas para combatir prejuicios.

Las ventas las concreta de manera virtual y, aunque el alcance es menor porque muchas mujeres prefieren otras alternativas, logra una venta al menos cada 15 días de sus combos de toallas de diario, por 3 dólares.

Pese a su buena voluntad por cambiar las cosas, Bárbara y América coinciden en que la dificultad más grande para usarlas es el tabú que las venezolanas guardan en torno al tema de la menstruación. El asco por su propia sangre, la creencia de que es contaminante, que quita energía, debe generar vergüenza y huele mal son impedimentos reales con los que estas activistas de los derechos de la mujer se topan cuando intentan explicar los beneficios de una toalla ecológica.

La verdadera respuesta a la pobreza menstrual que padecen muchas mujeres venezolanas no recae sólo en esta alternativa, señala América, sino en la resignificación de la menstruación que viene con el uso de una toalla de tela. Sobre eso se reflexiona también en las sesiones de costura.

—Es importante que las mujeres nos reapropiemos de nuestros cuerpos. Porque conocer nuestro ciclo menstrual nos da una conexión mucho más amorosa con nosotras mismas y de algún modo nos permite gestionar mejor nuestra propia menstruación — expone Magdimar León, psicóloga clínica y directora de Avesa.

La psicóloga asegura que si bien el entorno no ayuda en tanto las mujeres tienen la menstruación como una limitante en sus vidas por la cantidad de carencias que enfrentan, el autoconocimiento y las iniciativas locales permiten combatir esta realidad y a aportar un nuevo significado al ciclo natural femenino.

Muchos de los talleres son solicitados directamente por las comunidades o sus líderes que observan la necesidad y buscan estos espacios como una oportunidad para aprender que esta opción no solo es saludable y ecoamigable, sino que les permite poner su personalidad hasta en el cuidado íntimo.

Esto sin dejar de lado que las soluciones deben venir desde adecuadas políticas de Estado que provean a las mujeres de lo necesario para la higiene menstrual.

—Estas son iniciativas replicables —aclara León—, pero no nos podemos quedar allí.

La confección de compresas artesanales es sólo un primer paso para que las mujeres de sectores populares de Venezuela resuelvan de manera digna su higiene menstrual, y entiendan su ciclo como una renovación y no como un castigo. Lo que aprenden en estos talleres de costura logra cambiar sus vidas

Ilustraciones Shari Avendaño

La parte anterior es de tela con flores de colores sobre un fondo azul, la de la parte delantera es beige y por dentro lleva un paño o manta polar, para que sea más absorbente.

Todo se une en los bordes por una costura continua hecha a máquina. Las alitas están confeccionadas con broches para cerrar, convirtiéndola en un paquetito semejante a una pequeña carta.

Guardada en cualquier bolso, nadie pensaría que se trata de una toalla sanitaria ecológica, una que no contamina, una que puede durar hasta cinco años con los cuidados adecuados, una a la que se puede acceder por 1 dólar o menos y, sobre todo, una que soluciona el escaso acceso a productos de higiene menstrual.

—¿Toallas desechables? Yo más nunca las usé y las que tenía en mi casa, las regalé. Tenía un montón que fui acumulando por la escasez y a la gente que se las di estaban felices. Las doné y luego les conté de las ecológicas y de cómo me cambiaron la vida.

3 de cada 10 mujeres compran productos

de higiene menstrual “solo a veces” (Informe Salud para Todas 2021).

3 de cada 10 mujeres compran

productos de higiene menstrual

“solo a veces” (Informe Salud para Todas 2021).

Carmen Elena Moreno resume su experiencia con las toallas sanitarias de tela con alegría y con la convicción de que así puede reducir la pobreza menstrual, esto es, convertir el estrés en bienestar. Como le sucedió a ella cuando descubrió esta alternativa para resolver cuando le llegara la regla.

La iniciativa de fabricarlas, regalarlas a amigas y promover su uso la aprendió de América Villegas, la educadora que le dictó un curso de costura de toallas ecológicas en 2018. Esas lecciones le causaron tanto impacto que se convirtió en ayudante de la profesora y facilitadora de los talleres.

La pupila recuerda que lo primero que pensó al ver las toallas confeccionadas a mano fue: “ay, las tengo que lavar, mejor no”. Pero luego, al usarlas todos los meses, entendió que era una forma de resignificar su menstruación y “estar mejor” con ella misma. Aprendió a aprovechar el ciclo menstrual para mejorar su piel o el crecimiento de su cabello, pero sobre todo para sentirse más cómoda en esos días en los que las mujeres sangran.

Dos años antes de conocerse, la profesora América había descubierto las ventajas de coser y usar toallas artesanales. En 2016, la crisis económica en Venezuela comenzó a agudizarse y conseguir toallas sanitarias era una proeza mayúscula. No es exagerado decir que ese año no se conseguían en farmacias, ni abastos, y las pocas que aparecían de vez en cuando eran importadas y costosísimas. Por eso las mujeres comenzaron a ingeniárselas para lidiar con la menstruación sin la toalla desechable o los tampones que antes compraban sin tanta dificultad todos los meses.

América, quien es además activista en temas de la femineidad, se puso entonces creativa porque necesitaba encontrar una opción para su higiene menstrual. Así tuviera que fabricarla ella misma. Buscó tutoriales en video, asistió a un taller de costura a mano y aprendió a confeccionar toallas sanitarias de tela con un método que ahora imparte en sus talleres a decenas de mujeres.

Su propia experiencia de usar toallas ecológicas la preparó para formar a otras sobre cómo fabricar implementos para la menstruación. Sus dolores desaparecieron, al igual que las infecciones que solía sufrir durante el periodo, ya no había olores molestos ni alergias o incomodidad y, lo mejor, el gasto se redujo a cero al usar un producto con una durabilidad de unos cinco años.

—Para mí fue un descubrimiento. En ese proceso empiezas a conocer cómo funciona tu cuerpo, cómo son tus fluidos. Todos esos procesos que son tan importantes y como yo lo ví tan increíble, decidí que quería mostrarlo a otras mujeres —recuerda América.

Muchas salen de estos cursos con la única toalla sanitaria que usarán para su periodo en los próximos meses. Otras cosen unas más con material en casa y arman su kit artesanal para pasar la regla. Abuelas, mujeres jóvenes, adolescentes y chicas de todas las edades se suman al reaprendizaje que obtienen en estos talleres que se imparten en algunos barrios caraqueños, donde hay dificultad de acceso a productos de higiene menstrual.

Cuando América y Carmen Elena comenzaron a promover la confección de las toallas de tela, el problema más grave era la escasez, pero actualmente, es la brecha del poder adquisitivo.

Con un salario mínimo que hoy ronda los 5 dólares y una tasa de desempleo del 58,3%, calificada por el Fondo Monetario Internacional como una de las más altas del mundo, las mujeres venezolanas tienen pocas opciones en torno a su higiene y terminan cayendo en la pobreza menstrual.

Los datos de esta radiografía social son preocupantes: 9 de cada 10 mujeres son pobres menstruales y 1 de cada 10 están en condición de pobreza menstrual extrema, según un estudio realizado por la Asociación Venezolana para una Educación Sexual Alternativa (Avesa), entre mayo y junio de 2020 en la región capitalina.

Asimismo, un análisis más reciente de esta ONG, presentado en abril de 2021, reveló que un 27,7% de las mujeres, niñas y adolescentes sustituyen regularmente productos de higiene menstrual por alternativas caseras.

Es en este contexto en el que América ha logrado dictar al menos 15 talleres del uso de la toalla ecológica. En los últimos tres años, cerca de 100 mujeres de barrios caraqueños han aprendido en esos cursos a armar y coser sus propias toallas.

—A veces la toalla que fabrican en el taller es la única que tienen y que usan desde ese momento porque el dinero no alcanza para comprar unas desechables. Hemos llegado a tener mujeres que son madre e hija y se prestan entre ellas sus toallas porque no tienen recursos para hacer otras— comenta.

7 de cada 10 mujeres no tienen

agua en sus hogares (Informe Avesa, 2020).

7 de cada 10 mujeres no tienen

agua en sus hogares

(Informe Avesa, 2020).

Esa es la impresión que le ha quedado tras dictar talleres en sectores populares de Caracas como Antímano, Guarataro, Petare, Catia, Los Eucaliptos, La Vega, entre otros.

Cuando la llaman de alguna comunidad, solo basta con mostrar genuino interés para que se organice algún acuerdo: canjea algunos alimentos, productos o simplemente el agradecimiento a cambio de su taller sobre elaboración artesanal de toallas y menstruación consciente. Todas las participantes son mujeres con dificultades para acceder a los productos de higiene menstrual en barrios caraqueños.

Les enseña a crear sus propias compresas, a entender con qué material se pueden construir, cómo rellenarlas y forrarlas. Pero también aprenden sobre lo que contendrán estas toallas: la menstruación, su importancia, la naturalización de un proceso físico que las avergonzaba y sobre el que preferían no hablar.

La creadora de esta iniciativa, que ya trabajaba con el parto humanizado y vendía cursos de ciclicidad menstrual para organizaciones en el exterior, usa esos recursos para comprar las telas y demás utensilios que necesita en los talleres en comunidades.

Aunque va más lento de lo que espera, no genera ingresos con esta actividad y debe autogestionarla, la activista está convencida de la relevancia de su trabajo con estos talleres.

Más allá de lo económico

En Venezuela, dado los indicadores críticos sobre pobreza menstrual, llama la atención iniciativas ciudadanas como las de promover la confección de toallas artesanales, sobre todo en zonas donde hay mayores carencias, pues es allí donde los talleres de costura encuentran su nicho.

Merlyn Pirela lo entendió cuando invitó a América a dictar el curso para un grupo de mujeres en El Guarataro, un barrio del oeste de Caracas.

Para ella fue un momento liberador pues pudieron aprovechar una habilidad que muchas manejan: coser.

—Las toallas ecológicas son una salida —asegura Merlyn—. Muchas de mis vecinas dicen que les va mejor así, porque son una solución no solo para quien no pueda comprar toallas. Va más allá de lo económico, se trata de nuestra higiene respecto a la regla, es más seguro, no irritan, se ajustan a nuestro cuerpo y una no siente una cosa extraña que supone el plástico en el cuerpo.

Claro que todas las que han optado por esta opción se encuentran frente a otra gran limitación, la falta de agua. En Venezuela 71,9% de la población recibe servicio inconstante de agua potable, de acuerdo con un reporte del Observatorio Venezolano de los Servicios Públicos de enero 2021. Eso y el costo de un paquete de toallas sanitarias que ronda los 2 dólares, un poco más de la mitad de un salario mínimo, son las cuestas que deben remontar las mujeres que habitan barrios venezolanos para su higiene menstrual.

El salario mínimo en Venezuela equivale

a USD 3 mientras un paquete de toallas sanitarias

de 10 unidades cuesta unos 2 dólares.

El salario mínimo en Venezuela

equivale a USD 3 mientras

un paquete de toallas sanitarias

de 10 unidades cuesta unos 2 dólares.

A estas limitaciones para que los talleres de costura de toallas de tela tengan mayor impacto, se suman los tabúes, la falta de información y la pobreza extrema de algunas mujeres que no tienen ni siquiera un trozo de tela que picar para hacer sus toallas.

Pero a pesar de todo esto, América insiste: explica cómo el agua usada para lavar las toallas puede ser hasta abono para las plantas y así se reutiliza. Le muestra a las mujeres cómo aprovechar toallas de baño viejas o ropa que ya no se usa para fabricar las compresas de tela, y les hace ver cómo esta alternativa ayuda al bolsillo y al planeta al mismo tiempo.

Para romper tabúes

Como América y Carmen Elena, otras mujeres también han empezado a confeccionarlas. Algunas las hacen para vender como una oferta distinta a las comerciales que permite ahorrar gasto a mediano plazo y asumir con orgullo el ciclo menstrual.

Bárbara Martín las descubrió en 2012 en un viaje a China en el que encontró una tienda en la que las toallas ecológicas eran un producto exclusivo y costoso. Al volver a Venezuela, un año después, se dio cuenta de que había mucho rechazo a esta opción, y decidió emprender la creación y la venta de las toallas de tela como una forma de hacer activismo en pro de los derechos de las mujeres.

Desde su cuenta en redes sociales, Bárbara predica con honestidad que la menstruación es un proceso de vida y de regeneración, y promueve el uso de toallas ecológicas para combatir prejuicios.

Las ventas las concreta de manera virtual y, aunque el alcance es menor porque muchas mujeres prefieren otras alternativas, logra una venta al menos cada 15 días de sus combos de toallas de diario, por 3 dólares.

Pese a su buena voluntad por cambiar las cosas, Bárbara y América coinciden en que la dificultad más grande para usarlas es el tabú que las venezolanas guardan en torno al tema de la menstruación. El asco por su propia sangre, la creencia de que es contaminante, que quita energía, debe generar vergüenza y huele mal son impedimentos reales con los que estas activistas de los derechos de la mujer se topan cuando intentan explicar los beneficios de una toalla ecológica.

La verdadera respuesta a la pobreza menstrual que padecen muchas mujeres venezolanas no recae sólo en esta alternativa, señala América, sino en la resignificación de la menstruación que viene con el uso de una toalla de tela. Sobre eso se reflexiona también en las sesiones de costura.

—Es importante que las mujeres nos reapropiemos de nuestros cuerpos. Porque conocer nuestro ciclo menstrual nos da una conexión mucho más amorosa con nosotras mismas y de algún modo nos permite gestionar mejor nuestra propia menstruación — expone Magdimar León, psicóloga clínica y directora de Avesa.

La psicóloga asegura que si bien el entorno no ayuda en tanto las mujeres tienen la menstruación como una limitante en sus vidas por la cantidad de carencias que enfrentan, el autoconocimiento y las iniciativas locales permiten combatir esta realidad y a aportar un nuevo significado al ciclo natural femenino.

Muchos de los talleres son solicitados directamente por las comunidades o sus líderes que observan la necesidad y buscan estos espacios como una oportunidad para aprender que esta opción no solo es saludable y ecoamigable, sino que les permite poner su personalidad hasta en el cuidado íntimo.

Esto sin dejar de lado que las soluciones deben venir desde adecuadas políticas de Estado que provean a las mujeres de lo necesario para la higiene menstrual.

—Estas son iniciativas replicables —aclara León—, pero no nos podemos quedar allí.

Te invitamos a leer la reseña del primer taller de confección de toallas de telas.

Taller – Romper la regla en Chapellín

Esta historia integra el especial Mujeres que rompen la regla: soluciones para la pobreza menstrual que hace parte de la serie de publicaciones resultado del programa Laboratorios de Periodismo de Soluciones de la Fundación Gabo y la Solutions Journalism Network, con el apoyo de Tinker Foundation, instituciones que promueven el uso del periodismo de soluciones en Latinoamérica.

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