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En esta historia hay cuatro protagonistas. Una de ellas se gana la vida prometiendo riqueza virtual instantánea. Otros dos personajes son Diana y Adela, quienes cayeron ilusas en ese juego en clave de bitcoin. Y el cuarto es Angel, el cronista que las ayudó a desenmascarar el fraude con un plan que parece una serie de ficción. Una crónica producto de nuestro #DiplomadoHQL

Diseño imágenes Carolina Quevedo

Diana, una chica colombiana de 30 años que vive en Bogotá, bióloga de profesión, estaba desempleada y decidió arriesgarse. No trastabilló. Dio el paso de invertir todos sus ahorros en criptomonedas. La esperanza de obtener ganancias y resultados rápidos fueron su impulso. Aunque por momentos lo dudó, sintió que debía aprovechar una oferta que parecía muy buena, a la luz de la crítica situación financiera que atravesaba, pero siguió adelante. Sería el inicio de un viacrucis.

En 2017, tras mucho pensar qué hacer mientras buscaba trabajo, Diana y su tía Adela fueron abordadas por una persona en una reunión de jubilados de una entidad pública colombiana, quien les ofreció una propuesta de negocios que lucía muy lucrativa.

Se trataba de una mujer llamada Julia, quien pregonaba que una extraordinaria manera de generar ganancias era invirtiendo en Bitcoin, una divisa digital.

Julia decía ser psicóloga. Entre ejemplos y perspectivas muy positivas les aseguró a Diana, a su tía Adela y a muchos otros pensionados durante esa reunión, que las criptomonedas representaban el futuro, y que quienes no aprovecharan el momento para invertir se perderían de una oportunidad única en la vida.

La gran promesa

Vista con temor, incredulidad o desconfianza, hablar de Bitcoin, una moneda digital o criptomoneda diseñada para adquirir bienes y servicios tal como si se tratase del dinero tradicional, figuraba como un tema anecdótico entre la gran mayoría de las personas menos familiarizadas con las monedas virtuales. No se sentían atraídos porque “el tema es muy complejo” o “solo lo entienden quienes conocen de tecnología”.

Sin embargo, todo comenzó a cambiar a partir de la segunda mitad de 2017, porque para sorpresa de muchos cada Bitcoin comenzó a cotizarse en el mercado por encima de los cinco mil dólares (USD $5.000) por unidad.

Ante el creciente auge, muchos medios de noticias comenzaron a incluir segmentos informativos sobre esta criptomoneda dentro de sus reportes diarios e incluso invitaban a expertos para hablar sobre perspectivas económicas para este nuevo mercado. El Bitcoin se puso de moda.

Es ahora o nunca

Diana había dejado su antiguo trabajo como auxiliar de investigación para abrirse camino laboral en el mundo de la fotografía. Pero sus opciones no fueron lo que originalmente esperaba y estuvo una buena temporada sin percibir ingresos.

Desempleada y gastando sus ahorros entre una necesidad y otra, para Diana estaba muy claro que debía invertir en algo que pudiese darle frutos.

Es allí cuando llegó la propuesta de Julia, quien parecía tener experiencia, dominio del tema y explicaba todo sobre el Bitcoin tanto a ella como a su tía, evitando los tecnicismos enrevesados y promocionándolo como “una excelente reserva de valor” que superaba a activos como el oro.

Julia hablaba en representación de una empresa llamada GTC Exchange, una supuesta compañía internacional y con años de trayectoria, que ofrecía la posibilidad de intermediación para los interesados en comprar Bitcoin.

—Ella lo pintó muy fácil. Para adquirir Bitcoin sólo teníamos que darle el equivalente en pesos colombianos por el paquete de inversión que quisiéramos comprar. La compañía nos abriría una cuenta en su plataforma y desde allí veríamos las ganancias diarias que recibiríamos en Bitcoin.

Confiando en la aparente buena fe de la vendedora, Diana y su tía Adela terminaron invirtiendo buena parte de sus ahorros, unos 1.000 dólares cada una, para aprovechar las bondades del Bitcoin, sin sospechar que habían caído en una estafa muy elaborada.

Pasaban las semanas y Diana veía como sus números iban aumentando en la página web facilitada por Julia. Pero surgieron las primeras preocupaciones cuando conversó sobre su inversión en Bitcoin con su pareja de entonces, José.

José contempló con estupor el relato de Diana. De inmediato le advirtió que ella muy probablemente había sido estafada por esa supuesta psicóloga y había caído en una propuesta engañosa.

José hizo énfasis en que Bitcoin es una moneda que opera sin intermediarios.

Diana comenzó a ver las irregularidades en la oferta comercial en la que había invertido. Más allá de ver datos reflejados en una pantalla, dedujo que las criptomonedas que había adquirido no estaban bajo su poder. 

Confirmando la estafa

Dado que uno de los principales requisitos para hacer un retiro de Bitcoin era poseer cierta cantidad de ganancias capitalizadas, Diana esperó a reunir el total suficiente para solicitar la extracción de los fondos respectivos. Sin embargo, cuando intentó hacer esto, no pudo.

—Cuando intenté sacar mis ganancias la página tenía suspendidos los retiros. Decía que el proceso aún no estaba habilitado y que debíamos esperar hasta que estuviese disponible.

La vendedora y promotora Julia, junto a otras dos personas, manejaba un grupo de WhatsApp con al menos unos 40 inversionistas mayormente residentes en Colombia. A través de este espacio, tanto Diana como muchos otros notificaron a los administradores sobre las limitaciones al momento de intentar sacar los bitcoins de la plataforma.

Julia respondió que GTC Exchange “había pasado por momentos muy duros” y que venían en camino “importantes cambios de cara al modelo operativo”, por lo que pedía paciencia y aseguraba que los retiros serían próximamente habilitados.

Algunos no se tomaron esto de buena manera.

Elevaron el tono del reclamo amenazando con denunciarlos a las autoridades locales si Julia o los otros administradores no les daban respuesta efectiva. Pero dichos participantes fueron expulsados del grupo de WhatsApp y no se supo más de ellos.

—Eso me pareció muy preocupante porque esas personas estaban reclamando su derecho. Los sacaron del grupo para que no generaran más descontento entre los demás —comentó Diana, quien para ella ésta fue la señal de máxima alarma.

Desenmascarar a Julia

José es mi amigo y muy preocupado tras la posibilidad de que le robaran a Diana y su tía sus ahorros, me contactó porque trabajaba para un portal de noticias especializado en Bitcoin y criptomonedas. 

Tras escucharlos y reiterarles que todo indicaba que se trataba de una estafa, se me ocurrió una idea bastante osada con la que podrían dejar al descubierto la trampa de Julia.

Le propuse a Diana que acordara una reunión con su tía Adela y con Julia, a la cual yo también asistiría asumiendo el papel de un migrante venezolano que tenía un buen dinero que quería invertir en Bitcoin.

La idea sería aprovechar esa oportunidad para poner en evidencia la oferta engañosa, grabar el testimonio y tener constancia del delito que la promotora estaba llevando a cabo.

Diana, su tía Adela y yo asistimos a la reunión con Julia. Ella muy animada presentó los beneficios de Bitcoin haciendo especial énfasis en lo rentable que sería invertir en la moneda digital, dejando claro que ella y la empresa serían los intermediarios, y que el modelo de negocios ofrecía rentabilidades diarias más altas si el capital invertido era más grande.

—Llevamos muy bien la entrevista y captamos rápidamente la atención de Julia —cuenta Diana.

Fingí no saber nada sobre Bitcoin más allá del aumento de su precio, indicándole a Julia que poseía unos 6.000 dólares para invertir.

Este último dato inspiró especialmente a Julia, quien comenzó a explicar con más entusiasmo otros detalles de la oferta.

Pero empecé a hacer preguntas que comenzaron a incomodar a la promotora y donde quedaron en evidencia pruebas que la dejaban al descubierto.

GTC Exchange no era una empresa legalmente constituida en Colombia ni en ningún otro país de América Latina. Julia evadió esta pregunta e insistía en que era una compañía internacional con años de trayectoria.

La empresa no ofrecía ningún tipo de contrato donde quedaran claras las cláusulas de cumplimiento. Diana y Adela confirmaron que Julia no les entregó ningún tipo de documento donde quedase constancia de la inversión realizada.

La inversión de los interesados debía hacerse en efectivo a través de los promotores. La empresa no poseía cuentas bancarias institucionales a las cuales consignar los aportes respectivos.

El modelo de negocios que propuso Julia era claramente un esquema piramidal fraudulento (Tipo Ponzi), donde la inversión de los nuevos miembros se utilizaba para pagar a otros inversionistas más antiguos, generando un modelo de ingresos inorgánico que se caía una vez dejase de entrar capital de nuevos inversores.

Diana y Adela reprocharon a Julia que, a pesar de tener varios meses obteniendo supuestas ganancias con GTC Exchange, no les habían permitido retirar ni una parte de su dinero o ganancias.

Tras concluir la reunión sin concretarse ningún acuerdo, Julia se retiró visiblemente incómoda ante la gran cantidad de dudas que quedaron en el aire.

Diana y yo discretamente logramos grabar en sus celulares toda la reunión.

Apoyo legal

Con capturas de pantalla, respaldos de conversaciones en WhatsApp y una grabación comprometedora como sumario de pruebas, Diana buscó asesoría legal con un par de abogados colombianos, justamente para evaluar las acciones que podría iniciar para desenmascarar la estafa ante la ley.

Sin embargo, ambos especialistas del derecho le presentaron un panorama un tanto ambivalente sobre lo que podría hacerse.

—Me dijeron que por el lado de Bitcoin es muy poco lo que se puede hacer, porque las leyes colombianas no regulaban operaciones con monedas digitales. Era imposible levantar una demanda —comentó Diana.

Pero había evidencia clara de que Julia, los promotores y los directivos de GTC Exchange incurrían en actos ilegales.

Quienes promovían a la compañía podían ser imputados por captación ilegal de capital y operar un sistema piramidal, con penas de prisión y multas, aunque el proceso podría ser largo y no garantizaría la devolución del capital invertido.

Uno de los abogados le dijo a Diana que tenía dos opciones:

Podía abrir el proceso legal en contra de Julia con la respectiva denuncia. El proceso sería lento y estaría sujeto a ciertos riesgos por los vacíos jurídicos, pero podrían ganar al final aunque tendrían que asumir los gastos del proceso, además de la posibilidad de que no les devuelvan el dinero.

La otra medida era asumir una actitud un poco más agresiva con la promotora, haciéndole ver que habían pruebas en su contra para presionar y lograr en alguna medida que les devolvieran a ella y a su tía el dinero.

Devuélveme mi dinero

Diana decidió que pasaría a la ofensiva. Intentó ponerse en contacto con Julia a través del grupo de WhatsApp, pero sus comentarios no fueron bien recibidos.

—Finalmente decidí amenazarlos. Por el chat envié mensajes donde les avisaba que ya había consultado con abogados y que tenía la evidencia suficiente para que los metieran presos. Intentaron mediar conmigo, pero al ver que muchas otras personas también los increparon por lo que dije, me sacaron del grupo de WhatsApp.

Diana decidió ir directamente por Julia y reclamarle cara a cara.

Le reveló que tenía una grabación donde quedaba en evidencia su participación en una estafa internacional, así como respaldos de los videos publicados en sus canales oficiales donde invitaba a las personas a operar a través de GTC Exchange.

Tras varios minutos de silencio incómodo, Julia finalmente respondió algunas líneas en las que dejaba ver cierto temor por quedar en evidencia y verse envuelta en una querella legal.

—Creo que la asusté, en los mensajes me decía que no había que llevarlo a ese nivel, que tuviese un poco de paciencia y que ella hablaría personalmente con sus superiores para darnos respuesta tanto a mi tía como a mí —comentó Diana.

Las palabras que compartió Diana por el grupo dieron frutos.

De mi parte, logré que el portal de noticias para el cual trabajaba hiciera una investigación sobre las irregularidades perpetradas por la empresa. La publicación generó mucha polémica ya que surgieron testimonios de personas afectadas en países como España, Chile, Perú y México.

Tras la publicación Julia se comunicó con Diana y con su tía Adela, informándoles que podían retirar las ganancias acumuladas en sus cuentas. Cada una pudo retirar tan solo 260 dólares, cifra muy por debajo de los 1.000 dólares invertidos, con la promesa de que posteriormente podrían extraer más capital.

Estafa de salida

Frente a la polémica y boca a boca que generó la publicación del artículo, la promotora Julia finalmente publicó un comunicado informando que dejaba la empresa, esto bajo la premisa de que ella también era “una víctima de la compañía GTC Exchange”.

—Julia dijo que ella aparentemente “también había sido engañada” —cuenta Diana.

Julia desapareció de las redes sociales, cambió su número telefónico y borró todos los videos publicados en su canal de YouTube donde hacía tutoriales sobre cómo invertir a través de GTC Exchange.

Diana le perdió la pista y a la fecha no volvió a saber nada más de ella.

GTC Exchange cerró su página web y todos aquellos que tenían cuentas en la plataforma se quedaron sin acceso a las supuestas ganancias.

Lo que hizo el equipo de GTC Exchange es conocido como una “Estafa de salida”, modalidad aplicada por compañías fantasmas que operan esquemas piramidales. Estas tratan de amasar grandes cantidades de capital y cuando dejan de percibir ingresos, cierran de golpe y desaparecen, fugándose con el dinero de los estafados.

La lección de Diana

Si bien ya para Diana estaba muy claro que tanto ella como su tía fueron timadas, ahora entiende que cometió obvios errores.

—Creo que el mayor error que cometí fue suponer que Bitcoin era algo muy complicado de entender. Me dejé llevar por lo que otra persona dijo y no tuve la precaución de leer más al respecto y documentarme mejor —confiesa Diana.

La retórica seductora de Julia apuntaba a que quería ayudar a ganar ingresos pasivos por cuenta de un dinero que no estaban utilizando Diana y Adela en ese momento.

—Hay personas que vienen con un discurso en los que te invitan a tener independencia financiera y a ser tu propio jefe. Nadie, absolutamente nadie, quiere que tú te vuelvas una persona solvente sin esperar nada a cambio. Tampoco existen caminos fáciles para hacer dinero quedándose sentado y esperando que ocurra. Esa es la lección.

Ya transcurrieron más de tres años de lo ocurrido. Hoy nuevamente Bitcoin vuelve a ser noticia en muchos titulares de medios locales tras superar la barrera de los 40.000 dólares por unidad y un atractivo señuelo para engañar a algunos.

Diana asegura que lo ocurrido le permitió aprender. Ahora se define a sí misma como “una inversionista que maneja de forma responsable sus criptomonedas”.

Actualmente, se desempeña como profesora en un colegio ubicado al oeste de Bogotá y sigue con especial atención la evolución del precio de Bitcoin y otras criptomonedas.

—Parece paradójico, pero esos 260 dólares que al menos recuperé los terminé invirtiendo en criptomonedas de la forma correcta. Y ahora que los precios van subiendo creo que casi logré recuperar lo que perdí cuando fui estafada por Julia —comenta Diana.

Una búsqueda en redes sociales reveló el paradero de Julia, quien nuevamente rehabilitó su canal de YouTube y hace uso de su carisma para invitar a otras personas “a que sean sus propios jefes”. Promueve otras compañías parecidas a GTC Exchange pero con otros nombres, y adereza las ventas con campañas de “coaching” para hacerlas ver más lucrativas de lo que realmente son.

Personas como Julia abundan, pero para Diana la lección es muy clara.

—Mientras las criptomonedas ganen reputación, aparecerán cada vez más estafas que buscarán aprovecharse del desconocimiento y el apuro por no perderse una oportunidad soñada. Lo más responsable es invertir tiempo y esfuerzo para entender mejor cualquier cosa que nos llame la atención y evitar ser víctimas de un fraude.

Este trabajo fue producto del Diplomado Nuevas Narrativas Multimedia Historias que Laten, en su edición en línea realizada en alianza con el CIAP-UCAB y la Fundación Konrad Adenauer, de octubre de 2020 a febrero de 2021.
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