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La creadora de Concepto Galia asume los retos que impone vivir en Venezuela en tiempos de pandemia como un aprendizaje. “La clave es vivir un día a la vez y ser agradecidos”, dice. En este nuevo capítulo de #LatimosEnVenezuela, contamos cómo se aferró a ilustrar historias, ayudar a niños con su fundación y transformar su energía para que pasen cosas inspiradoras en su país

[Carolina Galia, 36 años, Caracas. Ilustradora, creadora de Concepto Galia]

“Desde muy pequeña he dibujado. Mi primer trabajo fue a los nueve años haciendo un mural y desde ese momento no he abandonado el dibujo. Creo que si algo te gusta mucho no es una decisión que hay que tomar, simplemente fluye poco a poco.

Estuve trabajando para empresas y luego como diseñadora gráfica independiente, hasta que decidí dedicarme realmente al dibujo.

Sigo amando el diseño gráfico, incluso fui profesora por un tiempo y me encanta cuando me llegan proyectos interesantes, pero les dedico toda mi atención a mi proyecto y a la fundación Mi Venezuela.

En el año 2010 fue cuando empecé a realizar experimentos con papeles reciclados. Me gusta hacer series de cinco a seis artes que vayan contando una historia. Esa era la idea de mi proyecto el cual se fue transformando hasta lo que es ahora Concepto Galia.

He aprendido que cada cosa tiene su tiempo y su proceso, que no hay que apurar nada porque todo tiene su razón de ser. Concepto Galia es algo que se cocina a fuego lento, no tiene prisa, es minimalista, cree en el reciclaje y en objetos y piezas duraderas.

Tengo un pequeño taller en el que hay varias cosas que desarrollo para que las personas lo puedan visitar y compartir conmigo. Así pueden ver desde mis carteras, libretas, libros hasta el arte en sí, las historias a través de dibujos.

También tengo la fundación «Mi Venezuela» que se enfoca en ayudar a niños pobres con sus estudios y a desarrollar la creatividad.

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En diciembre de 2017 hice un mapamundi, una de las piezas más importantes que tengo debido a la extensa investigación que hice para lograr los detalles de cada país. Cuando dibujé a Venezuela agregué una guacamaya volando sobre ella y la reacción de las personas era positiva, comentaban con la frase «esta es mi Venezuela». Era increíble pero casi todos decían esa frase o similares.

Luego una amiga y yo incluimos ese mapa en unas camisas y postales para recaudar dinero y así repartir alimentos en navidad. Fue en ese momento cuando pensé que era una buena iniciativa y además la marca podía tener un propósito. Decidí llamarlo Mi Venezuela.

Actualmente nos enfocamos en actividades recreativas que involucran cuentos, pintura, manualidades y poesía para abrir la imaginación y brindarles un rato distinto a todos los niños de Petare, en Caracas.

También ayudamos a niños a completar sus estudios con becas, pagando la anualidad completa de su colegio o media beca dependiendo del caso.

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Venezuela está muy mal, eso lo sabemos todos, no te voy a mentir, pero creo que siempre hay que ver un poco más allá.

 

El mundo en general es un caos, hay miles de problemas que desconocemos y salir de aquí no significa que esos problemas desaparecen, al contrario, se transforman por otros.

Para estar aquí, en Venezuela, o en cualquier lugar del mundo, creo que la clave es vivir un día a la vez y ser agradecidos.

Cuando aprendes a dar las gracias todos los días por algo, así sea pequeño o lo creas insignificante, ese pequeño gesto transforma tu energía y pasan cosas bonitas.

Sigo en Venezuela porque he encontrado oportunidades en medio de este caos, y además toda mi familia está aquí y eso es algo importante.

Yo viví en varias ciudades de Europa durante un largo tiempo, y no descarto la idea de volver a irme porque creo que el mundo es un lugar maravilloso que hay que explorar sin miedo.

Pero hace seis años regresé y me di cuenta de que mi mayor proyecto es ayudar a los niños. Mi familia y mi proyecto con la fundación son mi motivación. Poder hacer labor social es algo muy bonito, me ha permitido conocer a personas increíbles y estoy segura de que ese es uno de mis propósitos en esta vida.

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Tengo años trabajando sola y desde casa, por eso el encierro no me afectó tanto. La cuarentena me afectó en lo económico pero tampoco lo veo como un problema comparado con todas las cosas que hemos tenido que afrontar a nivel mundial.

Veo la pandemia como un aprendizaje que necesitábamos tener todos como colectivo para elevar conciencia.

Sí, es muy triste todo lo que hemos tenido que ver pero mientras sigamos aquí tenemos que estar agradecidos por la oportunidad y por el tiempo prestado.

Yo tengo demasiadas metas y muchos planes. Me encantaría desarrollar en algún momento otro método de enseñanza en el diseño, creo que no hay muchas opciones aquí en Caracas y soy fiel creyente de que no todos aprendemos de la misma forma. Hace algunas noches tuve por primera vez en toda mi vida un bloqueo creativo pero creo que es porque el año pasado como la mayoría, no tuve mi tiempo de escape para hacer reset y volver con nuevo oxígeno. Necesitaba una pausa para oxigenar las ideas, siempre hay algo que podemos hacer para motivarnos, para cambiar y evolucionar constantemente. Lo que más me gusta es que soy dueña de mi tiempo, mis pensamientos y de todo lo que creo. Eso para mi no tiene precio, soy demasiado feliz y afortunada de poder decir hoy en día que amo mi trabajo”.

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