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Foto [CCSen365] | LuisRa Bergolla @las_itacas

Ver la imagen del techo que se desplomó en la Ciudad Universitaria de Caracas fue un golpe bajo, hondo, tal como lo describe LuisRa Bergolla, gestor cultural y creador de [CCSen365]. ¿Pero por qué tanta conmoción por un simple techo de concreto? ¿Qué hace tan especiales a estas cubiertas peatonales consideradas parte fundamental de este patrimonio tan ucevista y venezolano? En el Día Nacional del Arquitecto recordamos un recorrido guiado por el campus para volver a admirar este legado urbanístico que se sostiene a ratos vulnerable, resquebrajado, ante la indolencia que acecha

La última vez que recorrí los pasillos cubiertos de la Ciudad Universitaria de Caracas (CUC) fue haciendo una guiatura para un grupo de participantes de [CCSen365], el programa social que vengo impulsando con el propósito de reconciliarnos con la ciudad desde el disfrute del patrimonio caraqueño. Poco iba a imaginarme que sería el último recorrido presencial antes de esparcirse el COVID-19 y con la cubierta aún en pie del pasillo de Humanidades. Eso fue a finales del 2019.

Foto [CCSen365] | Gonzalo Graner @ggraner

Las fotografías viralizadas en Whatsapp, la mañana del 17 de junio, no podían ser más contundentes, como tampoco mi dolor, ese que te hace detener todo y volver a analizar la evidencia. Fue como un golpe bajo al hígado, desprevenido y en confinamiento. Lo primero que haces cuando no quieres aceptar la noticia es corroborarla. Y así lo hicieron, uno a uno, mis contactos más confiables. No había nada más que hacer que no fuera vencer el miedo a la realidad y encararla: ¡nuestra universidad se está cayendo a pedazos!

Este corredor No. 5, mejor conocido como el de “Humanidades”, está considerado por los expertos como el más audaz e innovador de la Ciudad Universitaria por su diseño estructural, el cual reposa todo su peso en una sola hilera de columnas mientras su cubierta ondulada, como una sucesión de bovedillas, se proyecta en volado hacia el verde del campus. Bajo esta misma cubierta han transitado, literal y simbólicamente, centenares de graduandos con togas y birretes en ese paseo ceremonial para irse a titular en el Aula Magna bajo las Nubes de Calder. Caminar por estas galerías peatonales es un sentimiento constante, que siendo ucevistas o no, nos remite a la identidad y cultura de este país.

Una vez se abandona el automóvil, cuya presencia es igualmente importante en este ideal de ciudad moderna, sólo basta con acceder la red de pasillos cubiertos para iniciar un recorrido autoguiado por lo mejor de la arquitectura de Carlos Raúl Villanueva [1900-1975], que es lo mismo que decir de la arquitectura moderna en Venezuela.

El recorrido que me propuse a finales de 2019 tenía como excusa celebrar el otorgamiento del Premio Monseñor Pellín a Bolívar Films-CINESA por su documental que relata la historia y el devenir del campus de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Por ello, comenzamos por la Zona Médica, específicamente tomándonos un café guayoyo en el cafetín del Instituto Anatómico; el mismo que custodiaba obras de Narváez así como cadáveres donados en otros tiempos. Es el lugar propicio para hablar de la génesis de este proyecto urbanístico y arquitectónico a través de las acciones de Antonio José Castillo, entonces rector de la UCV, e Isaías Medina Angaria (1897-1953), siendo Presidente de la República, quienes impulsan la creación de un nuevo campus, acompañado de un hospital universitario.

Foto [CCSen365] | Gonzalo Graner @ggraner

Una modesta y cortísima losa plana conecta al Anatómico con el Instituto de Medicina Experimental. Será éste el primer corredor cubierto (corredor número 1) diseñado en 1949 por el arquitecto Villanueva y que formará parte de una red de aproximadamente kilómetro y medio de cubiertas para proteger casi todas las vías peatonales del campus universitario. Por este preciso pasillo, en forma de “Y” y ocupado en su centro por un cafetín amarillo, atravesamos para poder llegar a la próxima estación del recorrido: el Hospital Clínico Universitario.

Foto [CCSen365] | Yull Terán @yullteranenfoco

Frente al Clínico nos detenemos para discutir sobre su arquitectura y también la última intervención en su policromía ejecutada por la Fundación Gran Misión Barrio Nuevo Barrio Tricolor. El vibrante diseño cromático que cubre sus fachadas, realizado por el artista Mateo Manaure (1926-2018) como parte del proyecto Síntesis de las Artes, le ganó a esta edificación el apodo «La Guacamaya», al poco tiempo de ser pintado. Con el devenir de los años los colores y sus respectivos pantones [negro, blanco, gris, azul, amarillo, naranja y rojo] han variado; su última restitución en 2017 no fue la excepción.

A pesar de haber sido asesorados directamente por el Consejo de Preservación y Desarrollo (COPRED) —única voz autorizada en materia de conservación de los campus universitarios de la UCV— el personal de la misión social no respetó algunas tonalidades —como el naranja y azul— mientras que las filtraciones en fachada fueron desatendidas y la aplicación del fondo antialcalino no fue el apropiado. Todo lo cual incide negativamente en la durabilidad de la restauración ejecutada. Para el consuelo de los participantes, concluimos allí diciendo que se trata de una intervención que puede ser perfectamente reversible, es decir, aun se puede llevar la policromía a su diseño original cuando mejores condiciones así lo permitan.

Nuestra ruta prosigue hacia el “corazón físico y espiritual” de la Ciudad Universitaria, donde se ubica la Plaza Cubierta. Es sábado por la mañana pero es posible ver a pequeños grupos de estudiantes socialmente compartiendo y sin distanciamiento. A nadie se le ocurre el advenimiento de un nuevo virus que obligará cerrar todos los salones de clase de ésta y otras universidades a nivel mundial. Otro pasillo peatonal (corredor número 2) aparece en el camino con orientación norte-sur, conocido como el de “las banderas”. Se trata de uno con cubierta plana sobre pórticos y que sirve también para demarcar límites entre la Zona Médica, de donde venimos, y el Centro Directivo-Cultural, hacia donde vamos.

Foto [CCSen365] | Mitchele Vidal @imagenesurbanas

Es de los pasillos estructuralmente más sencillos pero con un poder de convocatoria singular. El simétrico ritmo de columnas y bloques calados de este corredor encierra una vocación de aula abierta que, junto a la presencia de verdes bancos y pizarrones de clase, sirve para que profesores, preparadores y alumnos se dispongan a dictar y recibir cátedra allí mismo. Se transforma así un espacio de transición en uno de agradable permanencia. Simbólicamente hablando, este pasillo frente a la hilera de astas de la avenida «21 de noviembre» separa dos momentos claves en la arquitectura de Villanueva; un gesto del propio arquitecto como queriendo decir adiós a su estilo académico para abrazar la plena modernidad.

Ingresamos a la Plaza Cubierta por la icónica marquesina del Aula Magna, próxima a la placa de acrílico transparente que anuncia, desde el año 2000, a este recinto como Patrimonio Mundial declarado por la UNESCO. Se trata aquí en realidad de otra acera techada que se convierte en plaza cubierta, cuyas formas nos recuerdan a los grandes toldos persas para proteger del clima a los mercados públicos. En este espacio sin paragón se reúne la arquitectura moderna tropicalizada con lo mejor del arte europeo y venezolano. Cada uno de los murales, esculturas y vitrales aquí existentes se comportan como armoniosas y coloridas ”notas musicales” dentro de una sinfonía de percepción espacial y sensorial. Tenemos la oportunidad de ingresar a cada uno de los auditorios: Paraninfo, Sala de Conciertos y Aula Magna, para luego enfilarnos hacia la Biblioteca Central; verdadera catedral del conocimiento que se acompaña de un monumental vitral multicolor. Sin importar cuantas veces lo haya recorrido ya, siempre me encuentro aquí con un paseo formidable a pesar del estado de conservación que evidencia fisuras en el concreto, mosaicos vítreos desprendidos, un diseño paisajístico desdibujado y otros desgastados elementos; todos a simple vista.

Foto [CCSen365] | Karina Lizcano @karinavlg

Foto [CCSen365] | Laura Camacaro @lcgraner

Una rápida asomada desde el balcón de la Sala de Lectura, al pie de la rojiza torre de la biblioteca nos permite apreciar Tierra de Nadie, esa plaza aérea que se comporta como zona de tolerancia entre facultades para el consumo e intercambio de ideas [algunas cuantas veces alucinadas] a pocos metros del Rectorado. Esta vista también nos deja divisar el corredor techado No. 5, el mismo que ha protagonizado tantos tweets como titulares hipervinculados desde su deshonroso colapso.

Foto [CCSen365] | Gonzalo Graner @ggraner

Los diseños de todos los corredores se lo debemos tanto a Villanueva como a Juan Otaola Paván (1920-2000) y Oscar Benedetti Pietri (1926); quienes fundaron la reconocida empresa Precomprimido C.A. De esta estrecha colaboración entre el arquitecto y los ingenieros calculistas salieron siete tipologías estructurales que van desde cubiertas planas, plegadas, onduladas y abovedadas de distintas dimensiones y alturas; transformándose incluso algunas en plazoletas y marquesinas camufladas que facilitan la circulación fluida y protegida de los viandantes por el campus. Por pocos es sabido que el diseño original de la torre del reloj universitario fue propuesto por Otaola Paván basándose en una idea preliminar de Villanueva. De nuevo, el uso del concreto armado a la vista sirve para exponer el alarde tecnológico y estética vanguardista que se persigue para una renovada y moderna universidad a mediados del siglo XX.

Foto [CCSen365] | Andrew Álvarez @alvarezphotogr

Recientes informes preliminares sobre el colapso de dos tramos del corredor de “Humanidades” han dejado vislumbrar que un antecedente similar ya tuvo lugar aquí y fue reconstruido cerca de 1960 según testimonios orales. Mientras esperamos a que salga a la luz cualquier indicio gráfico que corrobore dicho antecedente, aprovecho yo por documentar el estado actual de éste y otros corredores, por eso de no olvidarnos también de este descalabro – físico como simbólico – que nos ha consternado como venezolanos dentro y fuera del país.

Foto [CCSen365] | LuisRa Bergolla @las_itacas

Es el turno para irnos a [re]conocer la Zona Deportiva, la que tanto ha servido con sus piscinas y estadios olímpicos, desde 1952, como sede para torneos, copas y juegos internacionales. El camino más corto entre esta zona y Plaza Cubierta es atravesando el “pasillo de FACES” (corredor número 9), cuyo diseño en volado se repite igual al de Humanidades. En su momento, no me preocupé por ingresar al Complejo de Piscinas pues tendríamos oportunidad de hacerlo a principios de este año. Las piscinas de nado y clavado olímpico, junto a las salas de máquina, fueron acondicionadas en 2017, gracias a una importante inversión presupuestaria que permitió su reapertura luego de cuatro años sin funcionamiento. Ante el posible colapso total del corredor de Humanidades y otras estructuras similares, me pregunto si la recuperación de las piscinas debió ser el área de atención prioritaria por parte de las autoridades universitarias. Muy a mi pesar, de esto no hablamos durante el recorrido.

Foto [CCSen365] | Marianto Jordan @mariantojordan

El ingreso al Estadio Olímpico lo hacemos a través de las rampas peatonales que conducen a los vomitorios de la tribuna techada. Estos accesos exhiben intercaladamente seis murales en mosaico vítreo cuyos diseños abstractos forman parte del ambicioso proyecto de Villanueva por integrar el arte con la arquitectura. Quienes me acompañan en este recorrido aprovechan para realizarse sus respectivas selfies con Bogens, Barrios y Manuares de fondo. Con la gran cubierta de la tribuna del estadio como testigo, aprovecho para rendir merecido reconocimiento al Mayor Luis Rafael Damiani (1913-2006), presidente del Instituto Autónomo de la Ciudad Universitaria (ICU) desde 1950 hasta 1958. Durante su gestión se levantaron las edificaciones y estructuras más complejas del campus, respetándose a cabalidad todos los plazos de culminación y entrega. Siendo un militar e ingeniero civil poco entrenado en los campos del arte y la arquitectura moderna, supo valorar la trascendencia de este proyecto de Estado, declarado en 1993 Monumento Histórico Nacional.

Justo cuando nos preparábamos para celebrar, el próximo 2 de diciembre, el XX aniversario de la CUC como Patrimonio Mundial, es posible que antes de esa fecha nuestro excelso campus sea también declarado por UNESCO como Patrimonio en Peligro.

Foto [CCSen365] | Andrew Álvarez @alvarezphotogr

A pesar de que siempre se aborda a la Ciudad Universitaria por sus valores urbanísticos, arquitectónicos, artísticos y paisajísticos el tema de la circulación —especialmente para el peatón— encuentra en este campus un sentido de protección, guiatura y disfrute como experiencia sensorial y memorable. Suelo finalizar los recorridos en el mismo punto de encuentro, facilitándoles la logística a los participantes que asisten en sus propios vehículos. Cuando superemos esta pandemia y [re]ocupemos los espacios y pasillos de esta ciudad del saber, iniciaré esta ruta privilegiando más bien a aquellos que se movilizan a pie y así ingresar por su acceso noble, por la conocida Puerta Tamanaco; la más próxima a Plaza Venezuela. Allí se ubica mi corredor techado (No. 4) favorito; el mismo que con sus cuatrocientos metros de longitud nos da la bienvenida hasta la plaza del Rectorado. Sinuoso y abovedado la particularidad de este pasillo está en brindarnos una experiencia como si nos desplazáramos a través de un túnel de pasos acústicos dejando a la vista edificaciones y estructuras como las del Rectorado y reloj universitario; símbolos por antonomasia de la soberanía ucevista.

Si las ciudades son discursos y los discursos son un lenguaje verdadero, como nos afirma Roland Barthes, me pregunto ¿cómo le vamos a responder a la Ciudad Universitaria de Caracas? que claramente nos está reclamando auxilio con mayúsculas sostenidas.

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