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El deslave de El Limón arrasó todo alrededor de la Capilla de La Santa Cruz, en Aragua. Su estructura no sufrió mayores daños, pero el torrente del río traspasó sus puertas y dejó el interior del templo devastado. Todo sufrió menos la imagen del Santo Sepulcro, que quedó intacta. Dicen los creyentes que el Cristo hizo el milagro de salvar a cientos de vidas y se configura, de nuevo, en un símbolo de resurrección. Es la tercera crónica de nuestra serie sobre la furia del río El Limón

Texto y fotos por Alfredo Morales y Juan José Cabriles

Cuando los vecinos de El Piñal sacaron intacta la imagen del Santo Sepulcro de la Capilla Santa Cruz enseguida exclamaron: 

¡Esto es un milagro, un milagro de Dios!

Les costaba creer que la imagen de su Santo Cristo sobreviviera a una tercera inundación en El Limón, el sector que ha sido afectado en varias ocasiones por el desborde del río homónimo, en el estado Aragua.

El 9 de septiembre pasado, las inundaciones producidas por las fuertes lluvias destruyeron casas, anegaron las calles y al pequeño templo católico. La estructura de la capilla no sufrió, pero el interior quedó afectado como consecuencia de la inundación: rocas, troncos y un aluvión de lodo causaron destrozos y cubrieron una parte de la ermita. Casi todo fue arrasado, menos la imagen del Santo Sepulcro, que quedó ilesa en medio del barro.

Cuando mi compañero de historias Alfredo y yo vimos los videos del rescate de la figura religiosa, decidimos ir al sector El Piñal, en El Limón, para conocer de primera mano el relato de lo ocurrido el día de la inundación. 

No fue fácil ubicar el sitio donde ocurrió la tragedia. Pero logramos llegar preguntando a los pobladores. En cuestión de minutos estábamos frente a la capilla, pero enfrentamos nuestro primer obstáculo: la comisaría policial, a escasos 100 metros.

Foto vecinos El Limón

Alfredo dijo enseguida: 

Tenemos que acercarnos para hablar con los funcionarios y pedirles que nos permitan indagar, tomar fotos. 

En la casilla policial estaba un vecino de la comunidad, de esos que son “salíos”, conversador y bonachón. No nos dijo su nombre y tampoco se lo preguntamos, sin querer, fue nuestro primer ángel protector. No hizo falta lidiar con los policías. Cuando comentamos que queríamos indagar en lo que ocurrió en la capilla, de una vez nos habló. 

Vamos a buscar a la maestra Flor, ella los ayudará nos dijo el vecino.

Nuestro nuevo amigo nos guió y ayudó a buscar testimonios sobre lo ocurrido en el templo. Ese día el sol era inclemente y hacía mucho calor. 

Era casi mediodía y se respiraba el polvillo del lodo que aún seguía incrustado en las paredes de las casas.

El vecino “guía” nos llevó a la casa de la maestra Flor. No la encontramos. Ese día había operativo Clap (de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción promovidos por el gobierno de Venezuela) y ella seguro estaba retirando la bolsa de comida que ofrecieron a los afectados de la inundación. 

Así que caminamos hasta donde entregaban los donativos para ubicar a la señora Flor, nuestro segundo ángel protector. Tal como suponíamos estaba allí. Y al consultarle por la capilla, se emocionó. Sin mucho preámbulo nos dijo:

Fue la primera iglesia construida en El Limón. Cuando todo era monte y culebra y el único medio de transporte era un autobús de madera que pasaba una vez al día.  

Flor María Abreu tiene 81 años, de los cuales 74 los ha vivido en El Limón. Fue maestra de primaria por 35 años. La capilla, continuó la maestra en su retrospectiva, sufrió tres deslaves. En una de esas inundaciones, la de 1984 fue la más grave.

Fallecieron muchos vecinos comentó con tristeza. 

No recordaba la fecha exacta del segundo deslave, tampoco cuándo se construyó exactamente esa capilla o cuándo llevaron al Santo Sepulcro. Algunos moradores nos indicaron que fue en 1965. 

***

Aquel mediodía del 9 de septiembre, los gritos en la calle estremecieron a la maestra Flor. Al escuchar el alboroto, abrió la puerta de su casa y de repente el caos: todo era un gran río de rocas, lodo y desechos vegetales que bajaban de la montaña del parque Nacional Henri Pittier. Dos vecinos la vieron y la subieron a la platabanda de una casa cercana. 

Logró brincar varios techos hasta llegar a un lugar seguro. Desde allí miró hacia la capilla. Se hizo la cruz con mano temblorosa y respiración agitada. La pequeña Iglesia estaba rodeada de agua, piedras gigantes y barro. Pero seguía en pie.

Desde esa altura, la maestra vio cómo el cauce del río cambió de rumbo y bajó en dirección contraria. Pensó que era un milagro del Santo. 

—El Santo Sepulcro nos protegió. No permitió que nadie muriera —nos dijo cuando la conocimos.

Pasadas las cinco de la tarde, tan solo tres horas después del desborde del río, la lluvia se detuvo y las aguas se calmaron. Paró la inundación. 

Los vecinos entraron a la iglesia para recuperar lo que estaba adentro. En brazos sacaron la imagen del Santo Sepulcro, a la que apenas le entró algo de agua cerca de la almohada, en el lecho del Cristo. Pero el resto sobrevivió íntegro. El registro en video y fotos de la imagen ilesa se viralizó de inmediato. 

Fue una procesión espontánea. Los vecinos aplaudían, se hacían la Cruz y exclamaban “¡milagro, milagro, milagro!”.

Durante horas los vecinos conmovidos agradecieron al Sepulcro por sus vidas. Lo colocaron sobre una roca que bajó con el deslave acompañado por otras imágenes del templo, más pequeñas, que también se salvaron. Armaron un altar.

Allí permaneció varios días el Santo Sepulcro hasta que le ubicaron un refugio.

Esto es un milagro divino en medio de la tragedia dijo el padre Victor Acevedo, párroco de la capilla. Hay que evaluar si se hace una obra de recuperación, porque mientras no se construya un muro de contención más alto y fuerte, el río se volverá a meter.

Semanas después de la inundación, cuando fuimos a El Limón para buscar la imagen del Santo Sepulcro, nadie parecía saber de su paradero después de que lo sacaran en procesión aquel 9 de septiembre de la capilla.

Fuimos de casa en casa preguntando y nada. No había pistas. 

Pero otro de los ángeles conseguidos en la preparación de esta serie de historias de las inundaciones de El Limón apareció de pronto. Fiorella González, la embarazada que sobrevivió junto a su perrita Violeta al deslave, nos reconoció en la búsqueda. Ella y su esposo recorrían también el lugar, para ser testigos de los vestigios de lo que fuera su vivienda, ahora totalmente tapiada por el lodo. 

Preguntaron a sus vecinos si sabían dónde habían resguardado la imagen del Santo Sepulcro:

¡Bingo! Está al frente de la casa donde venden dulces, al cruzar en la esquina, vamos! 

La encontramos a pocos metros de allí, en la casa de la señora Bianny de Camacho, integrante de la Sociedad Religiosa de La Milagrosa. 

Aquella tarde, la procesión llegó hasta allí y le pidieron que cuidara de la imagen mientras se recuperaba la capilla.

Si el Santo quiere venir a mi casa, que venga, aquí será bienvenido —respondió Bianny, ahora convertida en casera y protectora del Santo.

Lo acomodaron en el estacionamiento de la casa. Con el Santo Sepulcro también llegaron, como si fuesen tesoros de un naufragio, el Cristo Crucificado, la madre María, la campana de la iglesia y dos bancos recuperados. Cubrieron la imagen del Santo Sepulcro con una cortina bordada de color beige.

Al regresar a casa esa tarde, pensamos que el Santo quiso que lo encontráramos. 

Quizás puso a prueba nuestra templanza.