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Al subir las pronunciadas pendientes de Las Minas de Baruta y ver los cables que la cruzan, pareciera que dibujaran rotos en el cielo. Son líneas negras y enredadas que restan continuidad al azul. De bajada cuesta ver qué viene a continuación. En cualquiera de los dos sentidos, se camina con ritmo.

-Hola, negro, me tienes abandonada -dice una morena que va calle abajo.

Por el medio del asfalto sus caderas contorneadas y apuntadoras van de un lado a otro. El rostro a medio voltear. Los brazos sueltos y en consonancia con el torso.

Lo que se necesita en ese andar es tumbao, porque en Las Minas no se camina, se baila en una superficie de cuatro kilómetros cuadrados, la más pequeña del municipio Baruta. La diferencia es que en ésta, la música se consigue de casa en casa y de esquina a esquina. Y los sábados y domingos los compases de silencio no existen.

“Déjala que siga andando, déjala que siga andando”, suena en la voz de Héctor Lavoe. Los coros responden: “Cómo camina esa hembra, mi hermano, cómo camina”.

De la calle El Relleno a la calle Anacoco, el tubo de escape de una moto interrumpe el son de los timbales. “Oh, me voy enamorando” de Chino y Nacho, va cantando el motorizado mientras se desliza sobre terreno lleno de huecos -la zona está incluida dentro del plan de asfalto 2017 de la alcaldía de Baruta-. Al caer en uno, su melodía se hace mecánica: “o-h, u-h, o-h”. Sus hombros suben y bajan.

La voz de Héctor Love se pierde en la vía y es reemplazada por el sonido metalizado del choque de una pelota que impacta contra un bate en la calle Los Mangos.

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Las Minas de Baruta es una parroquia que pertenece a la Alcaldía de Baruta del estado Miranda. Pero también forma parte del Distrito Metropolitano de Caracas. Florencio Flores, alias Pepe Flores, residente del barrio, nació en 1952.

-Yo soy autóctono- asegura, aunque llegó a la zona cuando tenía 13 años.

Cuenta que en los años 60 conoció de unas cuevas de piedras y una cantera.

-Habían minas, por eso le pusieron Las Minas. Así dicen- relata.

De hecho, el alemán Johannes Gustav Klemm, especializado en minería y metalurgia, hizo algunas pruebas de exploración en 1856 en la zona, donde encontró oro. El mineral disponible no era suficiente para la explotación comercial.

El valor del peso en oro ahora lo tienen los 51.441 habitantes que residen en Las Minas.

-Lo que me más me gusta es la gente. Me ven y me quieren. Todos somos compadres- dice Pepe Flores.

 

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