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Anaís se despierta en medio del silencio, pero uno que tiene sus propios sonidos. La calma de su casa le permite escuchar los ruidos que antes de que empezara la cuarentena pasaban desapercibidos. Su historia es una invitación a narrar lo que nuestros oídos perciben

La vida suena, lo cotidiano se siente a través del ruido y del silencio.

Desde hace casi un año mi dinámica de subir de Guarenas a Caracas todos los días cambió y con eso los sonidos de mi entorno también. Estar en casa estacionada por horas y días, sin las carreras matutinas para llegar a tiempo a cualquier lugar, me han permitido escuchar más.

En la cuarentena he afinado el oído en medio de lo silencioso que es mi hogar para hacer que mis días comiencen con el aleteo de un colibrí y el sonido de la hornilla encendida en la cocina. 

Así es despertar en el silencio. Con este relato le damos inicio a nuestra serie de micro relatos sonoros para contar cómo se vive la cotidianidad cambiante entre semanas flexibles y radicales de la cuarentena a través de lo que escuchamos. Queremos contar las historias mínimas que percibimos cuando agudizamos el oído.

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