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En medio de las calles desiertas de Valencia por el distanciamiento social obligatorio, salen a pedalear cada mañana con cavas y morrales a cuestas. Su propósito es llevar comida y medicinas a los distintos centros de salud que se encuentran aislados por la escasez de gasolina en la capital del estado Carabobo.

Desde que decretaron la cuarentena el 14 de marzo pasado, los Ciclistas Urbanos de Carabobo no se han detenido. Al contrario, esta coyuntura ha potenciado su meta de promover la bicicleta como una alternativa de transporte sustentable, y en estos tiempos, como una forma mantener a los valencianos conectados.

Su labor no es nueva. Estos voluntarios llevan ocho años enlazados con distintas organizaciones no gubernamentales de la región que se encargan de proveer sustento a quien lo necesita. Esta vez sólo cambió su indumentaria, que además del casco y las rodilleras, ahora incluye el uso de guantes y mascarilla para evitar la propagación del COVID-19.

Hace dos semanas empezamos con nueve personas que llevaron comida e insumos para el Hospital Central de Valencia. Al día siguiente ya teníamos a un grupo de 16, que ha venido creciendo con el paso de las semanas —cuenta Edicson Leal, cofundador de Ciclistas Urbanos de Carabobo.

Desde el inicio de la emergencia nacional por el Coronavirus han repartido más de 500 almuerzos semanales en hospitales y centros asistenciales. Lo que los motiva a salir a la calle a pesar de los riesgos de contagio, aseguran, es la convicción de que cada ciudadano tiene una cuota de responsabilidad para enfrentar esta pandemia mundial.

Publicado en Instagram el 7 de abril de 2020.

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