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Bery Peggy Malavé

Del conuco al chocolate

Con sus botas de cuero pisa firme para desandar el camino que hizo dos horas atrás al entrar a su conuco. Trae las manos llenas. Con la derecha arrastra un racimo de plátanos que todavía están verdosos y aprieta la vara metálica que usa para apartar el monte. En la izquierda carga un trozo de caña de azúcar, un coco y, bajo el brazo, el machete.

Bery Peggy Malavé Matos no siempre ha vivido en Cata. Regresó de Margarita muchas veces cuando era joven, hasta que se estabilizó en la costa aragüeña en donde levantó su hogar, el de sus hijos y nietos, y donde se despertó su amor por la tierra.

Su patio está lleno de color y frescura a pesar del sol que quema la piel. En el conuco cultiva ají, pimentón, tomate, plátano, aguacate, auyama, yuca, maíz, ocumo, onoto, caraotas, cebollín, perejil, cilantro, naranja, limón, cambur, guayaba, pomarrosa, coco, y cacao.

Sale todos los días a desmalezar, sembrar, regar y cosechar. “Yo no soy una agricultora de esas que saben mucho”, dice ella a sus 54 años. Sin embargo, conoce sus frutos y sabe cuántos días necesita esperar para recogerlos.

“Paíto”, su papá, le puso Bery Peggy por la canción Rubias de Nueva York de Carlos Gardel, que oía en la radio que llevaba a las jornadas en la hacienda de cacao. Él le enseñó el valor de la tierra y está agradecida porque es allí donde consigue todo el sustento para su familia. Ella le repite una y otra vez a sus hijos: “Si Jehová nos provee, nosotros debemos trabajar para cosechar y ser generosos para compartir”.

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