Seleccionar página

Sentarse, respirar, protegerse. Ofrecer un lugar donde pisar y sentirse estable.

Esta ha sido la prioridad para el grupo de psicólogos que viajó, desde distintas regiones de Venezuela hasta La Guaira, para atender a las víctimas de la catástrofe que dejó el doble terremoto del pasado 24 de junio.

Varios de estos voluntarios, unos 10, salieron desde Barquisimeto apenas sucedió la tragedia y llegaron directo hasta el Hospitalito McDonald (así lo bautizaron) en Caraballeda, una de las zonas más devastadas del litoral central. Tomaron unas maderas, buscaron unas lonas de plástico e improvisaron un consultorio con un cartel escrito a mano: “Psicología, si no estamos aquí estamos adentro, pregunta”.

Daniel Fernández, coordinador del equipo de psicólogos, cuenta que la grandísima mayoría de quienes han atendido son personas que perdieron a toda su familia. “Los tratamos desde la humanidad, desde el amor. Les explicamos que el amor de sus seres queridos trasciende los bloques, los escombros. Que los siguen amando aunque ya no estén físicamente”.

Foto Anne Demmer

En este hospitalitos, además de psicólogos, hay decenas de especialistas de salud, veterinarios y rescatistas que lograron atender a un promedio de 300 personas diarias y a más de 200 mascotas durante las primeras semanas.  Todos coordinados por Fernández junto con los médicos Fernando Jaimes, Santiago Peña y otros voluntarios que se han ido sumando.   

Un trabajo duro y doloroso, pero ellos sienten que tienen que seguir allí en estos momentos para contener, compensar y prevenir la ideación suicida. Recorren los edificios colapsados, los refugios. “Tenemos que acompañarlos, no dejarlos solos porque necesitan sentir que vale la pena seguir viviendo”, insiste Fernández mientras hace pausas para que su voz no se quiebre y muestra sus zapatos desgastados.

En los días siguientes a esa entrevista, viajaría unos días a Barquisimeto a visitar a su familia e hijos, y regresaría a La Guaira con otros zapatos para continuar su labor.

Foto Anne Demmer