La festividad de la Virgen de La Candelaria es una de las tradiciones más antiguas de Venezuela. Desde hace más de tres siglos, cada 2 de febrero cientos de feligreses acuden en masa a la Iglesia de la parroquia La Candelaria de Caracas a rendirle su devoción y bendecir sus velas cuyo destello simboliza cómo la luz vence a la oscuridad en tiempos de vicisitudes.
Nuestros cronista y editor Jonathan Gutiérrez y fotógrafa Ana Cristina Febres Cordero hicieron una cobertura especial de estas fiestas patronales en las que la misa central fue oficiada por Monseñor Cardenal Baltazar Porras
La noche previa del 2 de febrero, día de La Candelaria, la cofradía de la Virgen la preparó especialmente para la celebración. Silvia Espinoza es una de las ocho camareras de las sociedades patronales que cuidan de la santísima y quienes se encargaron de vestirla de gala.
—Lo hacemos con devoción y mucho respeto —dice Silvia mientras el domingo por la noche cosía con aguja e hilo los bordes del manto que cubre la imagen y encaramada sobre una carroza que funciona como pedestal.
A puertas cerradas, al pie del altar de la Iglesia de La Candelaria de Caracas, la Virgen fue vestida con un traje de raso blanco en el que resalta una estampa de la presentación del Niño Jesús en el templo y luego cubierta de un enorme manto de gamuza azul intervenido con pirograbado, pintado a mano con acrílico y al óleo, y cuyos bordes llevan una hilera de perlas.

El atuendo neobarroco lo diseñó y confeccionó José Gregorio Valencia, un artista plástico de Río Caribe (estado Sucre), especializado en arte sacro y quien viajó desde su pueblo hasta Caracas para entregar en persona el trabajo.
—El manto tiene elementos simbólicos: en un lado una jaula con dos tórtolos alude a la ofrenda que San José llevó al templo y en otro costado una lámpara hebrea con destellos de luz. Al centro una representación de la profecía de Simeón con el Sagrado Corazón de María atravesado con una espada —explica el diseñador Valencia.
La profecía de Simeón en la tradición judeocristiana refiere a que hay una luz de esperanza a pesar del dolor vivido.
Una vez trajeada, a la Virgen le pusieron sus joyas que solo luce durante su festividad. Son reliquias del período hispánico, un rosario, un prendedor y las llamadas tres potencias para el Niño Jesús que lleva entre brazos. Consisten en tres rayos de luz o adornos que ponen sobre su cabeza, representan su divinidad y simbolizan las tres facultades del alma: entendimiento, memoria y voluntad.
La líder de la cofradía, Zuleima Pimentel, es la responsable de resguardar las joyas y supervisar que cada elemento sea agregado con el esmero debido. El proceso siguió con la coronación de la Virgen, a la santa imagen amoldaron sobre su cabeza una corona de plata con gemas preciosas que recién fue restaurada.

El ritual de la vestimenta termina cuando a la Virgen le ponen la vela de La Candelaria, otra reliquia de plata del período hispánico y que es su elemento más icónico.
—La vela de La Candelaria es la luz que purifica, fortalece la fe, mantiene la esperanza y disipa la oscuridad —dice Silvia Espinoza, mientras acomoda la vela sobre una de las manos de la Virgen y se santigua frente a ella.
Manuel Vicente Figueroa se encargó de los arreglos florales. Rosas blancas, lirios, gladiolas, margaritas y nardos adornaron la carroza a los pies de la Virgen e impregnaron con su aroma el pasillo central del templo.

La tradición de la Virgen de La Candelaria es una de las más antiguas de Caracas. Se remonta al siglo XVIII cuando en 1708 se terminó de construir el templo de esta parroquia tan emblemática de la ciudad fundada por la primera migración de canarios en Venezuela venidos desde Santa Cruz de Tenerife. Este 2026 se cumplen 318 años de esta festividad que se conmemora cada 2 de febrero.
La celebración inició a las 6 de la mañana del lunes cuando la iglesia abrió sus puertas para recibir a los devotos, quienes esperaban en el atrio central junto a los músicos de un mariachi que le cantaron “Las Mañanitas” a la Virgen.

Cinco misas especiales se hicieron este año. Al mediodía, el padre Gerardino Barracchini, el párroco de La Candelaria, ofició una misa rociera en la que cantaoeres y bailaores de la comunidad andaluza le rindieron tributo con un performance de sevillanas a la Virgen.
Cantos y ritmos andaluces se integraron a la solemnidad religiosa con guitarras, palmas, panderetas y un cajón flamenco del grupo “Los gitanos de La Candelaria”, mientras dos bailaoras y un bailaor del “Calé del sur” le rindieron tributo a la santísima sobre un tablao que fue instalado frente del altar de la Virgen.
“Olé, olé, olé, guapa, guapa, guapa es nuestra Virgen de La Candelaria”, cantaron al unísono. A ellos se sumaron venezolanos de origen canario de la parroquia y feligreses vecinos en un sincretismo cultural en el que todos los presentes con sus velas encendidas expresaron su devoción.
—La tradición de la vela de La Candelaria es muy hermosa, es la luz que ilumina y vence a la oscuridad. Que en estos momentos de tanta incertidumbre, tribulación y dificultades la luz de La Candelaria bendiga e ilumine a Venezuela —dijo el padre Gerardino Barracchini durante la eucaristía.

La vela de La Candelaria tiene un significado muy relevante en sus dos usos cristianos, primero cuando hay una persona que está en el tránsito de la vida a la muerte se enciende la vela para orar junto a ella con el propósito que esa luz ilumine su camino.
El segundo uso es también notable: se enciende en momentos de gran tribulación y dificultad. Ya sea para superar una contrariedad de salud o un grave problema, la vela se enciende para orar y pedirle a esa luz (la candela) que ilumine a quien lo requiere para salir de una circunstancia de vicisitudes.
Es una tradición muy antigua y arraigada por lo que cada día de La Candelaria los feligreses caraqueños acuden masivamente al templo a la bendición de las velas que luego guardan como un bien preciado en sus hogares.
La misa central de las fiestas patronales se celebró a las 6 de la tarde, este año la ofició Monseñor Cardenal Baltazar Porras, quien fue ovacionado por los feligreses a su entrada a la Iglesia de La Candelaria.
—Doy gracias a Dios por festejar con ustedes este día de nuestra santa Virgen, yo nací a cien metros de este templo —dijo el Cardenal Baltazar Porras al narrar a los feligreses que él también es oriundo de la parroquia y un devoto de la Virgen de La Candelaria.
Monseñor Porras entró dos veces al templo, al inicio vestido de sotana negra y su solideo rojo, el pequeño casquete de seda que cubre su cabeza e indica su rango de Cardenal. Luego, al momento de la bendición de las velas rojiamarillas, en alusión a la bandera de España, ingresó con su mitra y estola, las vestiduras litúrgicas para presidir la misa.
A medida que el Cardenal avanzaba por el pasillo central, en pocos segundos las velas de los feligreses se encendieron una tras otras en un hilo de luz colectivo que se multiplicó dentro del templo como una constelación divina.
—La luz de La Candelaria ilumina a la oscuridad, que su brillo sea una luz para los venezolanos —dijo Monseñor Baltazar Porras.
En su homilía, el Cardenal Porras reflexionó sobre la fragilidad humana frente a los abusos de poder y la pérdida de libertades. Luego resaltó que la tarea de los venezolanos en este tiempo es grande y urgente.
—No sólo debemos cuidar nuestra propia vida o la de quienes están a nuestro alrededor, sino la vida de todos.

Al finalizar la misa, ya de noche e iluminada por una radiante luna llena, la Virgen de La Candelaria fue sacada en procesión por la plaza La Candelaria y sus calles aledañas al ritmo de una banda marcial, en un recorrido que duró unas dos horas. A su retorno al templo la imagen fue recibida con una nube de globos blancos y amarillos.
Justo antes de ingresar al recinto de la iglesia, la procesión con la santísima pasó detrás de la estatua de San José Gregorio Hernández ubicada en el centro de la plaza y se detuvo ahí unos instantes frente de la fachada del templo.
Una señora que lavaba sus manos en la fuente se arrodilló detrás de la Virgen, unió sus manos en modo de oración, luego las elevó al cielo y dijo a toda voz:
—¡Qué poderosos estos dos! Virgen de La Candelaria, tu luz es nuestra esperanza.



















