Una casa que cobija a Asdrúbal

Asdrúbal a veces siente nostalgia. Empezó a notar hace unos cinco o seis años cómo Güiria se sumó más y más en la precariedad: el asfalto y las aceras se rompen, las casas se decoloran y derrumban, los pequeños edificios están viejos, sucios, descuidados, y la gente irradia tristeza, desdicha y hambre